La agricultura extensiva y el monocultivo son las principales causas del deterioro del suelo.
La agricultura extensiva y el monocultivo son las principales causas del deterioro del suelo. Foto: entreojos.co
Published in Agricultura,
Sábado, 04 Noviembre 2017 04:01

42,5 % del suelo de Boyacá está sobreutilizado

Aunque el IGAC yo lo había advertido, la noticia es que muy poco se ha hecho para superar el problema. 

Chivatá fue en sus mejores épocas una de las despensas agrícolas más importantes de Boyacá, sin embargo, hoy tiene el 97 por ciento de sus suelos degradados y sus campesinos subsisten con lo poco que produce la tierra o con las dos o tres vacas que pastan en sus intervenidas praderas.

Históricamente la actividad agrícola era muy fuerte, recuerda su alcalde David Montero. El suelo generoso y la lluvia frecuente garantizaban el éxito de los cultivos. Se producían grandes cantidades de papa, maíz, haba, alverja, avena, trigo y cebada. Hoy, producto de la sobreexplotación, se advierten altos niveles de erosión, sensible disminución de la vegetación y un deterioro significativo del ecosistema de páramo.

Un panorama similar se vive en Sutatenza. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) el 95 por ciento de sus suelos están sobreutilizados y el ranking de los cinco más intervenidos de Boyacá lo completan Santa Sofía con el 92 % de su área, Soracá con el 90 % y Guateque con el 88 %.

Desde que el IGAC advirtiera sobre el estado de los suelos en Boyacá y revelara que el 48,3% del área departamental ha tenido un uso inadecuado (42,5 sobreutilizado y 5,8 subtutilizado) es muy poco lo que se ha hecho para revertir esa tendencia.

En octubre de 2016 esa entidad le propuso a la Gobernación de Boyacá realizar un estudio semidetallado de 189.522 hectáreas productivas, insumo que le permitiría a los municipios tomar decisiones sobre la recuperación de los suelos y su ordenamiento productivo. El estudio que tiene un valor cercano a los $1.895 millones no pudo llevarse a cabo. El departamento argumentó falta de recursos, el IGAC lo considera fundamental para la toma de decisiones.

Para demostrar su importancia y exhibirlo como modelo a seguir, el Instituto decidió financiar en su totalidad un diagnóstico semidetallado, a escala 1:25.000, de 17 mil hectáreas de la cuenca del Lago de Tota que en pocos meses arrojará información precisa sobre la real vocación agrícola y productiva de la región.

Hugo Castro, investigador de la UPTC y experto en suelos, destacó que sería ideal disponer de estudios de estas características pues a partir de ellos se pueden tomar decisiones adecuadas sobre la realidad del campo boyacense y planificar de mejor manera el territorio.   

La propuesta del IGAC

Adriana Bolívar, profesional de la Subdirección de Agrología del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, explicó que la pretensión de la entidad era aportarle a la región un instrumento que le permitiera planificar el territorio y establecer zonas prioritarias para la conservación, para la agricultura, para la ganadería y para la actividad agroforestal.

Sostuvo que los resultados que se obtuvieran orientarían a los productores sobre el tipo de especies aptas para los cultivos de acuerdo con cada área y las alternativas viables para la rotación de plantaciones. Refirió como ejemplos los estudios que la entidad ejecutó en el Valle del Cauca y el Putumayo.

Sobre el deterioro del suelo, la vocera del IGAC reiteró que en Boyacá este recurso no se está utilizando de manera adecuada, advirtió que es un elemento finito que puede acabarse y cambiar sus propiedades lo que incide directamente en su capacidad de producción. Si no se adoptan correctivos con el paso de los años la tierra será menos fértil poniendo en riesgo la seguridad alimentaria.

Suelos desaprovechados

El top 5 de los municipios en donde el suelo está subutilizado lo encabeza Tununguá seguido de San José de Pare, Chiquinquirá, Tinjacá y San Miguel de Sema.

El otro camino

La Gobernación de Boyacá decidió tomar un atajo. Natalia Vásquez, la directora de desarrollo agropecuario del departamento, dijo que con el apoyo de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) se adelantará el Plan de Ordenamiento Productivo y Social de la Propiedad Rural que permitirá tener un panorama aproximado del estado de la tierra productiva y que aportará recomendaciones sobre formas de explotación sustentable.

Respecto a la metodología para ejecutar dicho convenio, Natalia Vásquez explicó que se usará la información que ya han recopilado universidades y otras entidades del Estado. Precisó que el análisis conducirá a establecer la aptitud de los suelos, sus características físicas y químicas, sus debilidades y otras variables fundamentales como el estado de las vías de acceso, la titularidad de los predios donde se cultiva y la calidad de vida de sus propietarios o tenedores.

Al convenio con la UPRA se suma otro que es liderado por la FAO, con la participación de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR), y que se denomina Plan Integral Departamental de Desarrollo Agropecuario y Rural con Enfoque Territorial. Este, según se explicó, pretende una mirada de largo plazo de cómo debería desarrollarse el sector agropecuario durante los próximos 20 años. 

Aunque con estos convenios se tendrá un panorama general de la situación del sector, las fuentes consultadas por entreojos.co coinciden en señalar que la oferta del IGAC de realizar el estudio a escala 1:25.000 sería esencial para orientar de manera precisa las decisiones sobre la adecuada gestión del suelo. 

Cubará encabeza el ranking de los municipios que mejor uso del suelo hacen

Poco apoyo estatal

 Carlos Andrés Amaya, gobernador de Boyacá, durante la presentación del 'Año del Campo'. Foto: boyaca.gov.co

A pesar de que 2017 fue declarado por el gobernador Carlos Andrés Amaya como el ‘año del campo’, en Chivatá siguen esperando apoyo para superar el conflicto que les genera la sobreutilización de su suelo. Allí confiaban en que tanto el departamento como la Nación les aprobaran la construcción de un distrito de riego que podría costar entre 50 y 60 mil millones de pesos.

Su alcalde David Montero explicó que una de las principales dificultades es la falta de agua, es escasa para sostener las pequeñas plantaciones y a ello se suman los bajos precios que hacen inviable la actividad agrícola. “Eso ha hecho que la gente deje de sembrar y que las tierras prácticamente se encuentren abandonadas”, admitió con preocupación el mandatario.

El panorama es desalentador. Quienes conservan la tradición de sembrar como su único medio de subsistencia trabajan a pérdida, su ingreso per cápita es bajo, en muchos casos no sobrepasa los 200 mil pesos mensuales, por eso los más jóvenes prefieren emplearse en actividades menos inciertas.

Chivatá, como ya se dijo, tiene  el 97 por ciento de sus 4.932 hectáreas sobreexplotadas, y para garantizar la seguridad alimentaria la administración municipal ha recurrido a los invernaderos, a los cultivos hidropónicos, al control biológico de las plagas y a los mercados verdes como alternativas para el sustento de las familias campesinas.

No pierden la esperanza. Aún esperan que alguna entidad del Estado les ayude a buscar soluciones integrales encaminadas a superar el conflicto por el uso de la tierra.

Boyacá y la vocación de su suelo

De las 2.3 millones de hectáreas con que cuenta el departamento, casi el 60 por ciento tienen vocación forestal, el 10 por ciento poseen propiedades adecuadas para la agricultura y solo el 1 por ciento es apta para la ganadería, sin embargo, esta condición de uso del suelo no siempre se respeta lo que concuerda con los datos que señalan que 984 mil hectáreas están sobreexplotadas.    

Fuente: IGAC

 ¿Qué es la sobreexplotación?

Hugo Castro, especialista en suelos y profesor de la UPTC

Sobreutilización o sobreexplotación del suelo es definida por el académico Hugo Castro como aquella actividad agrícola repetitiva a nivel comercial que se desarrolla sobre un área en la que se cultivan una o máximo dos especies y en donde hay muy poca rotación. En opinión de Castro “eso genera degradación del suelo en todos sus componentes físicos, químicos y biológicos”.

El experto detalló que las áreas de mayor uso agrícola en Boyacá son los valles de Samacá, de la zona lacustre del Lago de Tota, los de Tundama y Sugamuxi y los valles de San Miguel de Sema y Chiquinquirá.

También destacó que el fenómeno de la sobreexplotación es evidente en las laderas donde históricamente se ha sembrado papa y cereales como en Ventaquemada y Tierra Negra en donde además de la agricultura extensiva se utilizan de manera indiscriminada arados mecánicos como el rotovator que provoca efectos negativos sobre las propiedades del suelo.

La cuenca del Lago de Tota merece una referencia especial. El profesor Hugo Castro afirmó que producto del trabajo realizado por el Grupo de Investigación en Suelos Sulfatados Ácidos de la Escuela de Agronomía de la UPTC se ha logrado determinar que el frecuente uso de la gallinaza provoca la degradación química del suelo en donde se cultiva la cebolla situación que conlleva al deterioro del producto provocándole pérdidas al agricultor.

¿Cómo remediar este conflicto? Castro enfatiza en que la rotación de cultivos, la labranza mínima, la erradicación de la gallinaza y las prácticas conservacionistas contribuirían a mejorar la calidad y la productividad de los suelos del departamento.    

Boyacá frente a la situación del país

 El uso de gallinaza en los cultivos de cebolla deteriora las características físicas y químicas del suelo. Foto: Diego Alejandro Peña.

Si en Boyacá el panorama es preocupante, el tema de los conflictos por el uso del suelo en el país es problemático. Rigaud Sanabria, investigador de la UPTC, se remitió al mapa para señalar que solo en la región andina las dificultades asociadas a la sobreexplotación están presentes en el 80 por ciento de su territorio.

El académico sostuvo que el asunto está relacionado además con la deficiencia en la formulación de los Planes de Ordenamiento Territorial y con el hecho de que el conocimiento científico, asociado a la planeación y producido por centros de investigación e instituciones del sector, apenas está siendo asumido por quienes toman la decisiones en los territorios, es decir por los gobernadores, los alcaldes y sus equipos de trabajo.

Sanabria señaló que los problemas de la sobreexplotación en la región andina tienen su origen en que buena parte de la población colombiana está concentrada en la cordillera, donde además es más costoso producir alimentos. Agregó que el país debe hacer esfuerzos adicionales para disponer de información cartográfica más detallada.


La producción de este trabajo fue posible gracias al apoyo de Consejo de Redacción y DW Akademie