Por Germán García Barrera
El fuego que recorrió parte de la provincia de Ricaurte, afectando a Villa de Leyva, Sáchica y Chíquiza consumió alrededor de 1.200 hectáreas de esta área nacional protegida que en total cuenta con 6.700 hectáreas de bosques altoandinos y páramo.
Según los primeros indicios, las llamas comenzaron a media mañana del sábado 19 de septiembre, pero solo hasta la 1:30 de la tarde fue reportado por las autoridades de Villa de Leyva. La información oficial señala que manos criminales iniciaron la conflagración de manera deliberada.
Versiones de la comunidad indican que si allí se hubiera actuado a tiempo, la situación se habría controlado rápidamente, sin embargo, como eso no ocurrió, el fuego se desbocó hasta comprometer una importante porción del Santuario de Fauna y Flora de Iguaque
Además de la vegetación natural comprometida, la emergencia también dejó tras de sí animales quemados, desorientados y, en varios casos, sin posibilidad de sobrevivir.
Así lo describieron tres expertos consultados por entreojos.co, quienes coincidieron en que el verdadero costo del incendio se mide en biodiversidad perdida, no solo en hectáreas calcinadas.
Una fauna que no se repite en otro lugar
Rosa María Viviana Gómez Carrillo, médica veterinaria y directora científica del Hogar de Paso de Fauna Silvestre de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos, explicó que el problema de fondo es que buena parte de la fauna de Iguaque y los páramos boyacenses es endémica: solo existe en esos ecosistemas. Cuando el fuego avanza, los animales pierden simultáneamente su vivienda y su fuente de alimento.
Según Gómez Carrillo, muchos ejemplares logran escapar de las llamas, pero con heridas tan severas que ni la atención médico-veterinaria alcanza a salvarlos. A eso se suma que buena parte de estas especies tiene tasas reproductivas bajas, por lo que cada individuo perdido representa también variabilidad genética que tomará muchos años recuperar.
En el santuario conviven anfibios, reptiles, aves y mamíferos como las lapas de montaña, claves para dispersar semillas y mantener suelos sanos, y armadillos.
No se trata, aclaró Gómez Carrillo, de fauna carismática y de gran tamaño, sino de especies que cumplen roles ecológicos determinantes. Incluso las aves, que en teoría podrían escapar con mayor facilidad, pierden nidos y polluelos atrapados en los frentes de calor que genera el incendio.
Para los animales que logran salir con vida, el desafío apenas comienza.
La directora científica del Centro de Paso de Fauna Silvestre de la Fundación Juan de Castellanos compara el proceso con lo que le ocurre a una persona que viaja y su cuerpo no tolera el agua de otro lugar: así de delicada es la adaptación a nuevos ambientes.
Muchas de las aves y otros animales que se desplazan a zonas desconocidas no logran identificar dónde hay alimento, agua o refugio, lo que reduce sus posibilidades de sobrevivir.
Atención en el territorio: de Corpoboyacá al Hogar de Paso
La veterinaria destacó un cambio institucional reciente: Corpoboyacá, que antes empleaba principalmente biólogos en sus líneas territoriales, hoy cuenta también con veterinarios desplazados a la zona afectada.
Este personal realizó la atención primaria en campo y remitió al Hogar de Paso los casos que requirieron manejo hospitalario, en coordinación directa con la Fundación Universitaria.
Al Hogar de Paso llegaron, entre otros, dos lapas de montaña que ingresaron deshidratadas y desorientadas, y que tras el proceso clínico fueron liberadas con éxito.
También llegaron zarigüeyas: una con más del 60% de su cuerpo quemado, que no logró sobrevivir pese al tratamiento, y otra que desarrolló rabdomiólisis, degradación muscular producto del esfuerzo por escapar del fuego, con riesgo de insuficiencia renal además de las quemaduras.
El centro también ha recibido polluelos, varios entregados por voluntarios que acudieron directamente a la zona, y actualmente adelanta procesos de crianza, principalmente de pava.
En total, Gómez Carrillo calcula que el Hogar de Paso ha recibido entre 6 y 8 ejemplares, aunque aclaró que Corpoboyacá ha atendido un número mayor en los distintos puntos de la emergencia.
Sobre la posibilidad de que la fauna regrese a las zonas quemadas, la veterinaria lo considera poco viable: sin cobertura vegetal que ofrezca alimento y refugio, es muy difícil que los animales vuelvan. Agregó que especies como las zarigüeyas, que suelen esconderse bajo tierra, pudieron quedar atrapadas en sus propias madrigueras durante el incendio.
Qué hacer si aparece un animal desorientado
Viviana Gómez Carrillo insistió en un mensaje para la comunidad: avisar siempre a la autoridad ambiental competente ante la presencia de fauna silvestre desorientada.
Recomendó no alimentar a los animales por cuenta propia (cada especie tiene requerimientos alimenticios muy específicos y un error puede causar más daño que beneficio) y, en cambio, disponer de agua accesible.
Ante un animal pequeño que pueda manipularse, sugiere trasladarlo en una caja limpia, sin olores y con ventilación, evitando cualquier medicamento natural o farmacológico, y contactar de inmediato a la autoridad.
En animales con quemaduras, advierte, el riesgo de muerte por infección o deshidratación es alto, y algunos ejemplares sin heridas visibles pueden tener los pulmones comprometidos por el humo inhalado.
Recomendación de expertos internacionales
Desde la Universidad Autónoma de Yucatán, en México, el médico veterinario zootecnista José Manuel Mukul Yerbes planteó que el primer paso es un diagnóstico riguroso del estado actual de los animales afectados, que permita evaluar rescates y movilizaciones.
Mukul Yerbes, quien mientras ocurría la emergencia participaba como conferencista en un encuentro internacional de veterinarios convocado por la UPTC, planteó que a futuro es necesario pensar en corredores biológicos que faciliten la salida de la fauna de zonas con riesgo de incendio, junto con el monitoreo de las poblaciones remanentes para diseñar estrategias de reubicación.
Por su parte, José Alberto Rosado Aguilar, investigador de la misma universidad en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, señaló que los animales jóvenes y adultos suelen lograr escapar del fuego, a diferencia de las crías que permanecen en madrigueras subterráneas.
Esa fauna que logra huir tiende a buscar zonas seguras con agua y alimento, lo que puede acercarla a áreas urbanas.
Su recomendación, similar a la de la experta colombiana, es no tocar ni manipular animales silvestres que ingresen a predios o viviendas, por más dóciles que parezcan, dado que pueden ser impredecibles, y contactar a la autoridad local para su captura y reubicación.
Rosado Aguilar sugiere además que las autoridades emitan comunicados informando a la comunidad sobre la posible presencia de fauna desplazada, una medida que, según explicó, también se ha aplicado en México ante situaciones similares.
Los tres testimonios coinciden en un punto: la respuesta a esta emergencia no depende solo de las instituciones ambientales, sino también de la manera en que la comunidad de Ricaurte reaccione ante la fauna desplazada.
Avisar a tiempo, evitar la manipulación directa y respetar las indicaciones de las autoridades competentes puede marcar la diferencia entre la recuperación de un ejemplar o su pérdida definitiva, en un ecosistema que ya de por sí tarda generaciones en regenerarse.
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