Durante seis años consecutivos, la Cuenca del Lago de Tota ha sido escenario de un encuentro que busca algo más que mirar aves.
El Festival de las Aves llega a su sexta versión los días 24 y 25 de octubre de 2026, con una invitación abierta a celebrar la riqueza natural del territorio y a reconocer en las aves una oportunidad para conservar la biodiversidad y fortalecer el desarrollo sostenible de las comunidades, según lo comunicaron sus organizadores en redes sociales.
Para entender el sentido del evento, entreojos.co conversó con Yeimy Astrid Chaparro Cruz, chef profesional y propietaria del restaurante temático Vasijas Boyacenses.
Yeimy Astrid explicó que el festival funciona como un aula educativa: un espacio para que la comunidad conozca los procesos de cuidado de las aves y de su hábitat, así como la protección del lago y su entorno. Detrás de ello hay una apuesta por el turismo comunitario, que vincula a los habitantes con el aprendizaje sobre turismo y naturaleza.
Una especie que concentra la preocupación
El punto de partida del trabajo es la situación del Cistothorus apolinari, conocido como cucarachero de pantano, un ave en peligro de extinción. Además del Cistothorus apolinari, otras seis especies presentes en el lago están en condición de vulnerabilidad, aunque no de peligro de extinción. De ahí surge el propósito de sensibilizar tanto a los habitantes del territorio como a quienes se acercan a participar en el festival.
La entrevistada recordó que el de Tota es el lago natural más grande de Colombia y afirmó que enfrenta consecuencias por el monocultivo de cebolla larga y por otras acciones humanas en su entorno.
Entre las amenazas, señaló la presencia de ganado cerca de los juncos o sobre ellos.
“Ese ecosistema es el único donde el cucarachero de pantano puede alimentarse, reproducirse y vivir, pues no sale de él”, dijo la promotora del Festival, y añadió que “a siembra dentro de los juncos y los daños asociados han reducido el espacio donde la especie puede sobrevivir”.
Como contexto general de dominio público, los humedales cumplen funciones de regulación hídrica y albergan una biodiversidad que depende de su conservación. En ese sentido, Chaparro sostuvo que proteger el hábitat de esta ave implica resguardar muchas otras especies que comparten esos espacios.
Lo logrado en seis años
Al preguntarle por los resultados del trabajo realizado durante el sexenio transcurrido, Chaparro destacó que los habitantes de la zona conocen hoy más de sus aves.
Como evidencia, mencionó los murales y los locales comerciales que ahora exhiben especies amenazadas, incluido el Oxypogon guerinii, colibrí que habita los páramos y los frailejones. Para ella, el reconocimiento ha derivado en un interés creciente por entender que las aves son importantes para el equilibrio de la naturaleza.
También señaló el trabajo en colegios, con talleres dirigidos a docentes, actividades de pintura de aves con los estudiantes y entrega de cartillas.
Indicó que Corpoboyacá ha contribuido en estas acciones y que el trabajo se ha hecho en articulación con esta autoridad ambiental.
De ese proceso, de ese trabajo colectivo, nació la Red Fenológica de Aves del Lago de Tota y, a partir de ella, la asociación Uaque, una Asociación de Turismo Comunitario con Propósito. Allí participan empresas privadas como su restaurante, otros hoteles y operadores turísticos como Isúa, que trabajan de manera conjunta en el cuidado de la naturaleza, la sensibilización de la comunidad y la educación con niños de los colegios.
Chaparro agregó que lo que hacen es ciencia ciudadana y reconoció el aporte de biólogos y profesionales de otras áreas ambientales, de quienes han aprendido como investigadores comunitarios.
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Resistencias en el territorio
Yeimy Chaparro no ocultó las dificultades. Reconoció que el proceso ha encontrado resistencias: en ocasiones, dijo, algunas comunidades no comprenden bien el cuidado de las aves.
Su lectura es que muchas personas luchan por su trabajo, sus tierras y la alimentación de sus animales, y que actúan sin tener el conocimiento necesario. Por eso, afirmó, han optado por la paciencia y la educación, buscando que se entienda que ciertas prácticas no benefician ni a las personas ni a la naturaleza, entre ellas la presencia de tanto ganado junto al lago.
Admitió además que no ha sido fácil y que hubo controversias, incluso con instituciones públicas, que han logrado sobrellevar.
La agenda de la sexta versión
El sábado 24 de octubre, desde la 1:30 de la tarde, el Museo Rancho Tota será sede de la jornada académica, con entrada gratuita.
Según Chaparro, participarán el observador de aves británico Chris Bell, varias fundaciones que apoyan el proceso académico y conferencistas de la propia asociación, quienes contarán cómo comenzó su conocimiento de las aves desde la comunidad. También intervendrá Juan Sebastián García, biólogo de Corpoboyacá, con una charla sobre el trabajo realizado en el Chicamocha. Se abordarán además las problemáticas de los lagos de Tota y Fúquene.
El domingo 25 de octubre se realizará la jornada de observación desde la franja acuática: recorridos en lancha sobre el espejo de agua para ver aves migratorias que hoy visitan el lago. Chaparro indicó que también habrá observación desde la franja terrestre.
La experiencia del Festival de las Aves muestra que la protección de un ecosistema como el de Tota difícilmente prospera sin quienes lo habitan.
Los relatos de Yeimy dibujan un proceso construido desde la comunidad, con colegios, empresarios y la autoridad ambiental, y también con tensiones que persisten.
Que las entidades reconozcan y respalden esa participación en los procesos de conservación y restauración es clave para que el cuidado del lago, y del agua que depende de él, no recaiga solo en la voluntad de unos pocos.
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