Clarita Echeverría Salamanca. Foto archivo particular.

Clarita Echeverría de Kuxdorf creía en la sabiduría de la naturaleza

Al cumplirse un año de su partida, recordamos con este perfil a una férrea defensora del agua y de la vida.

Por Germán García Barrera

Hablé con sus comadres y sus compadres, con los creadores de Getulio y Quejulia, de los sutes Cubio y Carmina, los personajes que fungen como voceros del Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi como parte de su estrategia para salvaguardar la integridad de quienes han asumido la defensa de este territorio. Ellos abrieron sus corazones para hacer una semblanza de esta mujer amorosamente frentera y sensiblemente valiente.

A pesar de la decisión de quienes integran el Colectivo de mantener cierto grado de anonimato, Clara Inés Echeverría de Kuxdorf era quizá una de las voces más reconocidas de este grupo de mujeres y hombres que, con argumentos de peso, le plantaron cara a la empresa Maurel & Prom en su deseo de iniciar un proyecto petrolero en la cuenca del lago de Tota. Sus requerimientos y demandas fueron determinantes para que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) le negara la modificación del permiso a la compañía francesa.

Clarita, así le decían tanto en su hogar como en la vecindad, murió el 13 de junio de 2021 a la edad de 63 años. Llegaba a su casa en Cuítiva luego de acompañar a los integrantes de la Primera Línea apostados en el sector de Río Chiquito, en Sogamoso, durante el Paro Nacional. El carro en el que llevaba la comida para sus 23 perros, el mismo que aparcó unos minutos antes para descargar los bultos, impactó su humanidad y dejó huérfanos a sus hermanos, a sus amigos y a sus hijos de cuatro patas.

Clara era una mujer multifacética: educadora, entrenadora de basquetbol, líder ambiental amante de los animales y una artesana de las más pulidas. “Lo que ella hizo siempre lo hizo bien, la madera de sus artesanías era muy bien trabajada. A cada cosa le ponía su corazón”, me contó Patricia, una de sus más cercanas amigas. 

Clarita en una palabra

Foto: archivo particular.

En medio del dolor y la desesperanza, a los pocos días del suceso me reuní con varios de sus compadres y comadres. Para este perfil los mencionaré, por petición suya, solo por sus nombres de pila. La primera pregunta que les formulé fue cómo definirían a Clarita en una sola palabra.

Patricia fue la primera en responder: “fuerza”. Le siguió Nicolás: “alegría”; Diana dijo “amor”; Víctor, “dignidad”; Sebastián, “fraternidad”; María Ligia, “sinceridad”; Juan, “esperanza”; Myriam, “perseverancia”; y Lucas “valiente”. Aun con la tristeza a flor de piel y la voz entrecortada, sus amigos no titubearon al momento de escoger el término más apropiado para describirla.

Sus luchas por defender el valor de la tierra y los recursos naturales tienen un espacio particular en la memoria de quienes la conocieron y compartieron sus preocupaciones. María Ligia recuerda que la vehemente defensa de los valores ambientales se hizo más evidente en 2012 con las primeras intervenciones de Maurel & Prom y el impacto de la sísmica en varias viviendas campesinas de Pesca, Tota y Cuítiva.

Nicolás tiene ese recuerdo vívido. Evoca que la paciencia de Clarita reventó cuando escuchó del personal de la Compañía Geofísica Latinoamericana su definición sobre la sísmica en una reunión con pobladores de la zona. Según ellos, era como hacerle una ecografía a un bebé, pero usando “explosivos inofensivos”. Su malestar y sus temores se confirmaron con el paso de los días cuando evidenció el desprecio de la petrolera y sus contratistas por los nacimientos de agua y los derechos del campesinado.

Sebastián no tiene presente el momento exacto en que Clarita asumió la defensa de la naturaleza, sin embargo, comentó una particularidad reveladora de su ser: “ella se sentía parte de su entorno, allí radicaba la fuerza para juntarnos y defender el territorio. Sentía como propios los sufrimientos de los otros, especialmente de los animales”. A partir de esta reflexión quise saber en dónde residía la esencia de su liderazgo.

Lucas mencionó que en su alegría: “su alegría fue la suma de muchas cosas, su liderazgo fue pura alegría”. María de los Ángeles se refirió al poder de sus palabras: “tenía una forma particular para expresar cada mensaje, era absolutamente convincente, comprensible y cercana para la gente”.

Diana mencionó su espiritualidad y su sensibilidad como fundamento de su condición de líder: “ella era muy calmada, muy paciente, muy sabia, muy amorosa. Lo fue como deportista en el colegio y en la universidad”. Tales virtudes no le impedían ser directa para decir las cosas. Era una de sus características.

Juan Sebastián reiteró que su liderazgo estaba fundado en su capacidad de indignación, siempre acompañada de la invitación a la acción, de la necesidad de convocar a otros a para tomar decisiones. En palabras de Víctor, su papel como adalid se soportaba en su ejemplo de vida, en su carisma, en su energía para asumir las batallas que enfrentaba: “eso la hacía un referente para quienes la escuchábamos”.

Myriam recordó su ánimo siempre altivo y festivo y la seguridad de sus palabras, una particularidad que le sirvió de ejemplo para fortalecer su carácter: “a las reuniones llegaba con ese ánimo defendiendo el territorio, le decía a la gente que no se dejara engañar de los profesores de la UPTC ni de la petrolera. No temía señalar a quien consideraba una amenaza para el equilibrio del territorio”.

Cortesía: Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi. 

Una defensora con carácter

Clarita podía tener tanto de diplomática como de temeraria. Al preguntarles a sus compadres sobre aquello más osado que hiciera en el marco de su liderazgo ambiental, Nicolás contó como anécdota las veces que recorrieron las veredas por donde Maurel & Prom y sus contratistas habían instalado estacas para señalar los puntos en donde realizarían la sísmica. Al ver las marcas y las cintas en los predios de las familias campesinas, las arrancaban y luego las dejaban en la sede de la Policía de cada pueblo.

Lucas relató que durante una reunión en la provincia de Ricaurte los asistentes estaban embejucados pero contenidos, quizá temerosos, por la presencia de empresas interesadas en proyectos extractivos. Al ver tal situación Clarita empezó a hablar duro y animó a la comunidad a pronunciarse y a recoger los cables y las estacas. “Les hizo ver que la empresa no tenía por qué instalar esos elementos en las fincas sin su permiso”.

Sebastián contó el episodio del ‘escolta’ gigante que le colocaron durante una reunión de socialización del proyecto petrolero en Cuítiva: “lo hicieron para intimidarla, y ella creía que era un paraco. Al principio sintió miedo, pero luego habló con tranquilidad y al final terminó riéndose con él”. 

Comunión natural

Frente a su ser espiritual o sus creencias religiosas, Lucas la definió como holística y citó su permanente alusión a la necesidad de sanar a la tierra y a las personas.

Patricia la retrató como una mujer espiritual, más que religiosa: “decía que era necesaria una comunión con la naturaleza, con la tierra, con el sol, con el aire, con la luna”, mientras que María de los Ángeles evocó sus referencias a los milagros y a las energías.

Otra comadre de Clarita complementó este rasgo de su personalidad refiriendo su argumento de que Dios estaba representado en todas las maravillas de la naturaleza y del universo: “cuando se destruye la naturaleza, cuando se hace caso omiso a un legado ancestral, no estamos dimensionado a ese Dios en el que creemos. Ella creía en la sabiduría de la naturaleza. Tenemos a un Dios que no apreciamos”, dijo María Ligia sobre su visión espiritual. 

En este punto les pregunté a sus comadres y compadres sobre aquello que más le molestaba a Clarita. Diana fue contundente: “le ofendía la manipulación”, y citó específicamente el malestar provocado por la campaña del ex gobernador Carlos Amaya cuando utilizaron su nombre y su imagen durante una contienda política.

“A ella le ofendía cómo manoseaban al campesino, en particular cuando (desde Maurel & Prom) empezaron a decirle a la gente que si no firmaba para ingresar a sus predios la iban a expropiar”, dijo Nicolás.

Lucas apuntó que a Clarita la embejucaba la inactividad de la gente frente a lo que estaba sucediendo, las disputas entre vecinos y la falta de solidaridad con las causas colectivas.

María Ligia señaló a la injusticia social, a la manipulación política y al poco valor que las personas y los gobiernos le daban a la riqueza cultural y natural de Colombia como los asuntos que más molestaban a Clarita.

La familia extendida

Ilustración del Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi.

Teniendo en cuenta que Clara Inés Echeverría era una mujer muy cercana a sus parientes y amigos, muy comprometida con sus alegrías y tristezas, les pregunté a los integrantes de su círculo social más próximo por el valor que ella le daba a la familia.

“Para Clarita la familia no estaba limitada a su sangre ni a su especie. Sus hijos eran sus perros, y a nosotros, sus amigos, nos trataba como una tía o una mamá. Era una familia extendida al agua, al territorio y a la misma naturaleza”, sostuvo Nicolás.

Patricia agregó la siguiente descripción: “Clara era el centro de esa familia, por Clara se hacían muchísimas cosas y Clara vivía pendiente de todos los hermanos. La finca se volvió a recuperar por Clara. A muchos de los sobrinos Clara los crió. Nosotros éramos otra extensión de la familia”. A Clara le sobreviven sus hermanos de sangre: Luis Hermes, Oswaldo Enrique, María Victoria, Martha Lucía, Lucas Mauricio y Carlos Fernando, sus sobrinos y sus perros.

Los quiero mucho

Al final de este diálogo con quienes luchó por defender ese territorio de Sugamuxi que tanto amaba, les pedí que recordaran una frase de Clarita. Patricia citó una que refleja su devoción por los amigos: “Yo los amo a ustedes, no saben cuánto los amo”. 

Nicolás fue un poco menos romántico para evocar sus palabras. Citó una frase que la muestra en todo su desparpajo: “Cuando le hacíamos bromas o alguien insistía en molestarla, nos decía: ‘ustedes son la caca de la vaca’, mientras se echaba a reír”.

El talante de Clarita para hablar sin rodeos lo evidenció Lucas en alusión a su temor por la pretensión de los proyectos petroleros para instalarse en Boyacá. Al respecto decía: “esto se va a llenar de putas, guerrillas y paracos”.

Y María los Ángeles cerró con una expresión de cariño muy propia de la fraternidad con la cual Clarita abrigaba a los suyos: “Cuídese, la quiero mucho”. Esas fueron las últimas palabras que escuchó de ella el día del trágico accidente que le terminaría arrebatando la vida el 13 de junio de 2021, tras varias semanas en cuidados intensivos. Ese día no se pudieron despedir desde cerquita pues María de los Ángeles tenía síntomas de Covid, así que se abrazaron de lejos.

Tras la despedida, Clarita se fue presurosa a llevarle una pancarta a los muchachos de la Primera Línea, después a recoger la comida para sus perros, y luego rumbo a su casa, sin saber que aquél día iniciaría su camino hacia otra dimensión, seguramente a encontrarse con Alfred Joachim Kuxdorf, el amor de su vida.

El recuerdo de su tenacidad vivirá por siempre entre quienes compartieron sus sueños, sus desdichas y sus alegrías.

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