Cada 21 de febrero se conmemora globalmente el Día Internacional para la Protección de los Osos del Mundo, una fecha instituida para recordar la importancia de conservar las ocho especies de osos que habitan el planeta.
Una de ellas es el oso andino o oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el único nativo de Sudamérica. Importante por su singular rol ecológico en los ecosistemas andinos y su vuleranbilidad frente a las amenazas ambientales.
El oso andino se distribuye a lo largo de las cordilleras andinas desde Venezuela hasta Bolivia, ocupando bosques altoandinos, bosques de niebla y páramos entre los 200 y hasta los 4.750 metros sobre el nivel del mar.
En Colombia, su presencia ha sido documentada en las tres cordilleras, donde participa activamente en la dispersión de semillas y la regeneración de ecosistemas.
Sin embargo, la especie está catalogada como “vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y por las autoridades ambientales colombianas, debido a la pérdida y fragmentación de hábitat, el avance de la frontera agrícola, la ganadería extensiva y la caza ilegal.
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Estado de las poblaciones en Colombia
Estudios y monitoreos recientes indican que el oso andino sigue enfrentando una situación de riesgo significativo en el país. Programas de conservación liderados por Parques Nacionales Naturales de Colombia han estimado que en las áreas protegidas del Sistema Nacional de Parques hay una población proyectada entre 2.000 y 5.100 individuos, aunque la densidad varía significativamente según las regiones.
La fragmentación de hábitats y la presión humana han generado dificultades para la conectividad genética y el acceso a recursos naturales, aspectos clave para la supervivencia de la especie a largo plazo.
Organizaciones como WCS Colombia trabajan en estrategias de monitoreo y reducción de conflictos entre humanos y osos, buscando soluciones basadas en ciencia, conservación de corredores biológicos y educación ambiental.
Boyacá: páramos y conflictos con el oso
En el departamento de Boyacá, donde se concentra cerca del 18,5 % de los páramos del país, el oso andino transita ecosistemas frágiles que hoy enfrentan múltiples presiones. Los páramos, además de ser hábitats críticos para la especie por su oferta de alimento y refugio, cumplen funciones esenciales como la regulación hídrica y el suministro de agua a grandes poblaciones humanas.
Entrevistas con expertos de la Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) han identificado que las zonas de mayor conflictividad entre osos y actividades humanas en Boyacá incluyen corredores biológicos entre bosques altoandinos y páramos, por ejemplo, entre el Parque Natural Regional Siscunsí–Ocetá y la reserva Cravo Sur, así como en áreas de Bijagual–Mamapacha.
En estos lugares, la presencia simultánea de ganado y cultivos ha reducido las coberturas forestales naturales, exacerbando los encuentros indeseados entre fauna silvestre y pobladores.
Estos conflictos no solo responden a encuentros directos con el ganado, en los cuales los osos pueden ser erróneamente responsabilizados por pérdidas de semovientes, sino también a la alteración del paisaje por deforestación y conversión de bosques a pastizales.
Acciones de conservación y retos
La conmemoración del Día Internacional de los Osos moviliza a múltiples actores en Colombia. Programas como Conservamos la Vida, implementados por alianzas entre organizaciones públicas y privadas, han promovido acuerdos con comunidades rurales para proteger hábitats, fomentar prácticas productivas sostenibles y certificar tierras como favorables al oso andino.
A nivel local, iniciativas de educación ambiental buscan sensibilizar a las comunidades sobre la importancia de conservar los corredores naturales y entender el comportamiento del oso andino, una especie tímida y escurridiza, que evita generalmente la presencia humana.
No obstante, los retos persisten. El avance de la frontera agropecuaria, el cambio de uso del suelo y la fragmentación de hábitat continúan siendo amenazas constantes para la integridad de las poblaciones de oso andino y los ecosistemas que sostiene.
En regiones como Boyacá, la articulación entre autoridades ambientales, comunidades locales y productores rurales es determinante para promover soluciones que equilibren la conservación de biodiversidad con el desarrollo rural sostenible.








