Hijos de la Laguna 3.0: el arte y una comunidad que pide sensatez a la minería

Una exposición en la UPTC que reúne reflexiones de caminantes por el agua de Paipa.

7 minutos de lectura

Laguna La Marcura. Imágenes: Gabriela Numpaque

Por Germán García Barrera

Desde la sede central de la UPTC en Tunja, desde el Museo de Artes, situado en la parte alta de su Campus, la exposición Hijos de la Laguna 3.0 invita a mirar el agua como un asunto de memoria, de comunidad y de decisiones sobre el territorio.

Su punto de partida es la Laguna de Marcura, en el municipio de Paipa, de la que dependen varios acueductos veredales.

La conversación con dos de sus impulsores permite entender el proceso.

Sandra Gabriela Numpaque Piracoca, docente de la UPTC desde hace varios años, es maestra en Artes Plásticas y Visuales y magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura por la Universidad Nacional de Colombia.

Actualmente cursa el Doctorado en Estudios Artísticos en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, y dentro de ese proyecto llegó a Paipa.

Esteban Currea, licenciado en Artes Plásticas de la UPTC y candidato a magíster en Patrimonio Cultural, dirige hace cinco años el Semillero de Investigación y Creación en Gráfica Urbana Paipa, cuyas sesiones se realizan en la Galería Inykywe, en ese municipio.

El nombre de la muestra tiene una explicación. Según Numpaque, es la tercera versión de un trabajo que ya tuvo dos ediciones en Paipa, y sobre el título de la exposición, «Hijos de la laguna», describió que este alude a las muchas personas que han trabajado en torno al agua y que dependen de ella.

Lo expuesto son reflexiones de ciudadanos sobre ese vínculo, más que obras de autor.

Currea explicó que uno de los primeros hallazgos estuvo asociado a la denominación real del lugar. Lo registrado en mapas digitales no correspondía con la realidad en el territorio, por eso como dice la periodista colombiana, reportera de guerra, Catalina Gómez Ángel, “si no se va, no se ve”.  

Al llegar a la zona resulta difícil ubicar la Laguna de Marcura, porque en los mapas de Google aparece como Laguna Seca. Currea relató que ese nombre llevó al equipo a preguntarse «¿seca para quién?» y por qué no usar uno ligado al sector.

Y junto a la comunidad identificaron como intención, quizá de los mineros, quizá del desarrollo a lo que dé, de borrar la memoria hídrica del lugar, y de que reivindicar el agua también pasa por nombrarla bien.

Canteras, arcillas y quebradas

En el mapa disponible en la exhibición, en el Museo de Artes de la UPTC, se aprecia el contexto de la laguna y la incidencia de las explotaciones mineras.

El segundo eje es el conflicto minero – ambiental.

Esteban Currea contó que las receberas, canteras de extracción a cielo abierto, están en la falda de la montaña, y que existe una proyección de convertirlas en una mina de pusolana.

Según su experiencia en esta zona rural de Paipa, las arcillas son las que retienen el agua, de modo que autorizar una mina a pie de montaña implicaría perder esa retención y quedarse sin agua de forma paulatina.

Señaló además que el territorio cuenta actualmente con 32 quebradas, algunas en riesgo de desaparecer por la actividad minera.

Gabriela Numpaque dijo que La laguna se ubica entre las veredas La Bolsa y Marcura, que está a cerca de 3.000 metros, en zona de páramo, y que los acueductos no captan directamente de ella.

El agua surge por filtración en quebradas más abajo, donde están autorizadas las bocatomas, y retomando la explicación de los pobladores, describió a la montaña como un vaso que sostiene el agua: si se rompe su parte inferior, el agua se profundiza y deja de estar al alcance de la gente.

Caminar, convidar, escuchar

La caminata y el encuentro han sido parte de la metodología utilizada para reconocer el territorio, identificar sus conflictividades y poner en común los llamados a la protección.

La metodología de trabajo de los artistas es el convite y está tomada de la experiencia de los habitantes que construyeron el acueducto de Peña Negra en los años ochenta.

Numpaque relató que ellos se convidaron a aportar trabajo, conocimiento del territorio y recursos para hacer realidad ese sueño.

El equipo artístico se convidó para hablar desde las artes con la comunidad, caminar, aprender y soñar juntos. Currea añadió que las derivas y los convites son el origen de muchos de los ejercicios exhibidos.

Las comunidades involucradas son diversas: la comunidad artística, los acueductos de Peña Negra y La Salvia, las veredas Sativa y La Bolsa, y habitantes de Paipa. Los actores cambian, dicen los artistas, pero coinciden alrededor del agua, ya sea para discutir, conversar o simplemente beberla.

Ese recorrido en torno a la laguna incluyó el Camino de la Miel, que arranca cerca de las receberas en la vereda Sativa y es el Camino Real a Gámbita, en Santander. Aunque no toca directamente la laguna, Esteban Currea lo vinculó con los circuitos humanos que atraviesan estas cuencas.

Detalló que las reflexiones realizadas junto a los habitantes y caminantes se expresan en artes plásticas, música, rap y performance.

Las respuestas de la comunidad

Numpaque recordó que los habitantes han realizado marchas y han resistido mediante acciones populares y otros recursos legales.

También mencionó que en 2024 Corpoboyacá convocó a la comunidad para escucharla directamente. En esa sesión, disponible aún en YouTube, los pobladores expusieron por qué rechazan la presencia de las receberas en la falda de la montaña. Subrayó que quienes lograron construir sus acueductos siendo jóvenes en los ochenta hoy tienen entre 60 y 70 años y siguen luchando por el agua.

Esta tercera versión de la exposición ‘Hijos de la laguna’ contó con la autorización de la comunidad y se llevó también al palacio campesino, o museo del arriero, creado por los propios habitantes.

Currea explicó que su edificación hace parte del Camino Real a Gámbita, donde hace más de 120 años pernoctaban los arrieros que bajaban con miel y regresaban con queso. Allí el equipo artístico interactuó con niños y adultos.

Gabriela y Esteban evitan llamar obras a lo expuesto en el cuarto piso del Museo de Artes: el trabajo no ha parado. Currea afirmó que se busca un vínculo duradero, no uno extractivo, y que este puede seguir tomando formas más artísticas y también más políticas, porque reflexionar sobre el territorio es político.

Numpaque lo resume con una frase breve: «No hay arte que no sea político».

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