La imagen corresponde al desarrollo del IV Festival del Bosque Nativo realizado en Gachantivá. Imágenes: entreojos.co

Restauración ecológica liderada por el campesinado

El IV Festival del Bosque Nativo de Gachantivá, permitió reafirmar el compromiso comunitario con la preservación.

La Reserva Natural Ecoaldea Cochahuaira acogió a comunidades de Arcabuco, Chíquiza, Cómbita, Gachantivá y Sotaquirá para hablar de lo que significa cuidar el territorio desde el bosque nativo.

Durante la jornada, los asistentes, entre ellos conservacionistas, ecólogos, viveristas y cuidadores de especies nativas, compartieron reflexiones que giraron en torno a varios ejes.

Uno de ellos fue la agroecología, entendida no solo como técnica de producción, sino como una forma de gobernanza participativa y de intercambio de saberes entre generaciones.

Se habló de la urgencia de implementar acciones concretas de restauración, del cultivo de alimentos orgánicos, de la siembra de cercas vivas, claves para proteger a las abejas; del cuidado de los nacimientos de agua y de la definición de zonas para procesos de restauración tanto pasiva como activa.

También se insistió en armonizar la relación entre las comunidades y el bosque nativo, y en la importancia de destinar áreas de predios particulares a la conservación.

Varios participantes coincidieron en que ese camino solo es posible si se trabaja en colectivo, con perseverancia, y si se aprende a construir acuerdos en medio de las diferencias.

Uno de los planteamientos que más resonó fue que hablar de agroecología y de restauración en contextos de conflictividad socio – ambiental es, en sí mismo, un acto de valentía.

La educación ambiental también tuvo un lugar central.

La Corporación Territorio Tivá presentó su trabajo con escuelas de la región para sembrar, desde la infancia, la semilla de la conservación, incluyendo la labor que adelanta con estudiantes de la institución educativa de la vereda Saavedras de Roncancios.

Se habló, además, de complementariedad intergeneracional: vincular el conocimiento de los mayores con el trabajo de las instituciones educativas, los niños y las familias.

Se destacó especialmente la participación de los jóvenes en los procesos comunitarios de restauración, así como el papel de la organización comunitaria sostenida en el tiempo.

 

Niños de la vereda Saavedras de Roncancios participaron del festival.

Por buen camino

Juan Diego García, cofundador de Mano de Oso y uno de los organizadores del festival, presentó las conclusiones del encuentro.

Para él, lo mostrado en Cochahuaira es apenas la semilla de un propósito mayor: una restauración ecológica liderada por campesinos y campesinas, un camino que, advierte, no se recorre en uno o dos años.

«Yo creo que la conclusión es que vamos por buen camino, hay muchas voluntades de hombres y mujeres en el territorio», señaló García, en referencia a los municipios de Arcabuco, Chíquiza, Cómbita y Sotaquirá, donde Mano de Oso trabaja actualmente.

El proyecto, dice, permitió sobre todo encontrarse y generar lazos de confianza. Pero sostenerlo hacia adelante requerirá algo más: recursos, tiempo y espacios constantes de encuentro.

Consultado sobre las tareas que quedan tras el festival, García fue claro: evaluar lo hecho, mantener la conexión entre los municipios y comenzar la gestión de recursos para avanzar en temas como las cercas vivas y los corredores de conservación.

Invitación a los citadinos

Bosque nativo al interior de la reserva natural ecoaldea Cochahuaira.

Juan Diego García extendió el llamado más allá del territorio rural. Invitó a quienes habitan las ciudades a detenerse un momento e imaginar qué bosque existía allí cientos de miles de años atrás.

Aunque ese bosque ya no esté dentro del casco urbano, dijo, suele sobrevivir algún relicto en zonas aledañas: un parque natural, un bosque de encenillos o de robles, donde es posible reconectar con esa memoria.

Su propuesta es concreta: dejar de sembrar especies como el urapán, el pino, el jazmín o el eucalipto en parques y alamedas, y empezar a traer de vuelta las especies nativas a los espacios urbanos (sietecueros, encenillos, mulatos), como una forma cotidiana de conservación, incluso desde la ciudad.

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