Pese a que Colombia figura entre los países con mayor oferta hídrica del planeta, la degradación de los ecosistemas asociados al ciclo del agua ha reducido la calidad y disponibilidad del recurso en varias regiones.
El río Bogotá es un caso emblemático: su cuenca sintetiza las tensiones entre abundancia natural, expansión urbana, actividad industrial y presión agropecuaria.
Nacido en el páramo de Guacheneque, en Villapinzón (Cundinamarca), el río recorre cerca de 380 kilómetros a lo largo de 47 municipios antes de desembocar en el Magdalena. En su paso por la capital atraviesa el occidente de la ciudad —Suba, Engativá, Fontibón, Kennedy y Bosa— y cumple un papel estratégico para el abastecimiento, la agricultura y la industria regional.
La cuenca del río se divide en tres sectores:
- Cuenca alta: municipios como Villapinzón, Chocontá, Tocancipá, Cajicá y Chía.
- Cuenca media: incluye el área urbana de Bogotá y municipios como Cota, Funza, Mosquera y Soacha, donde se concentra la mayor carga contaminante.
- Cuenca baja: desde Alicachín (Sibaté) hasta Girardot, punto de desembocadura en el Magdalena.
A lo largo del último siglo, el crecimiento urbano, la industrialización y la intensificación agrícola han transformado profundamente el territorio. Las descargas de aguas residuales domésticas e industriales, sumadas a cambios en el uso del suelo, han convertido al río en uno de los sistemas hídricos más estudiados del país.
Las investigaciones han documentado alteraciones fisicoquímicas, presencia de metales pesados —como el cromo en la cuenca alta— y una persistente contaminación microbiológica.
Entre 2007 y 2019, estudios en la cuenca media confirmaron concentraciones constantes de coliformes totales y Escherichia coli, indicadores de contaminación por aguas residuales. Afluentes como el río Tunjuelo presentan condiciones similares.
Sedimentos contaminados y riesgo sanitario
Durante más de 20 años, el grupo RESA de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional ha analizado la relación entre calidad del agua, saneamiento y salud ambiental en la cuenca. Sus hallazgos muestran un deterioro sostenido tanto en el agua como en los sedimentos asociados a sistemas de riego agrícola.
En 2020, ensayos de toxicidad aguda y crónica realizados en sedimentos de los canales del distrito de riego de La Ramada —en la cuenca media— evidenciaron que la contaminación no solo circula en el agua, sino que se acumula en el lecho del sistema. Esto implica que, incluso cuando cambian las condiciones del caudal, los contaminantes pueden permanecer activos y seguir representando un riesgo ecológico y sanitario.
Investigaciones posteriores detectaron bacterias resistentes a antibióticos betalactámicos, como la amoxicilina, en aguas utilizadas para riego agrícola. Este hallazgo es especialmente preocupante: el río no actúa únicamente como receptor de contaminantes, sino también como un entorno donde los microorganismos pueden intercambiar genes y desarrollar resistencia antimicrobiana, una de las amenazas más serias para la salud pública global.
Parásitos en agua y alimentos
En 2022 se confirmó la presencia de parásitos de importancia sanitaria —entre ellos Giardia y Cryptosporidium— tanto en aguas de riego como en hortalizas cultivadas en la Sabana occidental de Cundinamarca. Esto demuestra que la contaminación hídrica puede trasladarse desde el ecosistema acuático hasta la cadena alimentaria, ampliando el riesgo más allá del ámbito ambiental.
Análisis metagenómicos recientes —que permiten estudiar el ADN de comunidades completas de microorganismos— revelan una alta abundancia de genes asociados con resistencia antimicrobiana y cambios significativos en la composición microbiana del río. Los investigadores describen el sistema como un “reactor biológico” donde circula e intercambia información genética que favorece la supervivencia frente a antibióticos y otros contaminantes.
Un desafío de gestión integral
Los resultados configuran una visión integrada del problema: la contaminación del río Bogotá no es solo un asunto ecológico, sino también agrícola y sanitario. El uso de estas aguas para riego en la Sabana conecta directamente la calidad del río con la inocuidad alimentaria y la salud pública.
Este panorama refuerza la urgencia de fortalecer la gestión integral del recurso hídrico, el saneamiento básico, el monitoreo microbiológico avanzado y la implementación efectiva de instrumentos como el POMCA en los municipios más afectados. El río Bogotá sigue siendo un termómetro ambiental de la región: su recuperación depende de decisiones técnicas, regulatorias y sociales sostenidas en el tiempo.
* Con información de la Agencia de Noticias – Universidad Nacional
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