Al cierre de la COP26 en Glasgow, el presidente de la conferencia mundial, Alok Sharma, pidió disculpas por los limitados avances. Foto: Efe/Robert Perry

Cumbre del clima en Glasgow: el vaso medio lleno

Por primera vez se trató oficialmente la eliminación de los combustibles fósiles, sin embargo, las metas para hacerlo no son ambiciosas.

Fuente: DW – Jens Thurau, enviado especial

¿Fue buena o mala la COP26 de Glasgow? Así como caótica y confusa fue la reunión, variados son los puntos de vista para responder esta pregunta. Los científicos dicen que la brecha entre los requisitos para combatir realmente el cambio climático y los lentos avances para hacerlo nunca ha sido tan grande como ahora. También fue enorme, hay que decirlo, la presión para lograr algún progreso. Grupos ambientalistas como Fridays for Future tuvieron una fuerte presencia en Escocia.

Fin al carbón, por primera vez mencionado

El texto de cierre de la conferencia menciona explícitamente por primera vez desde que se realizan estos encuentros de la ONU la necesidad de una rápida eliminación de los combustibles fósiles, aun cuando la formulación más concreta del tema se debilitó a medida que aumentaba la presión de los países ricos y las economías emergentes por no ser tan tajantes. 

Se prometió a los países pobres el doble de los fondos de ajuste a costa del norte más rico en los próximos años. Estados Unidos y China, los mayores emisores de gases de efecto invernadero del planeta, se reunieron tras meses de diplomacia congelada para emitir una declaración conjunta donde aseguran que redoblarán sus esfuerzos para frenar el cambio climático.

El objetivo de no permitir que el calentamiento global aumente más de 1,5 grados para fines de este siglo es hoy la meta, y ya nadie más habló de los 2 grados que fue durante años la cifra que determinó todos los debates. Comparadas con las resoluciones que se habían tomado en reuniones previas, se trata de un progreso impresionante.

Dos realidades

Pero no es tan así en términos de realidades. Los científicos aseguran que los años hasta 2030 serán decisivos en la lucha contra el calentamiento global. La presidencia británica de la cumbre reaccionó a ello promoviendo una serie de iniciativas de Estados individuales que a la luz de los hechos más bien parecen pirotecnia pura: limitar la emisión de metano, proteger los bosques en los países pobres, acabar con la subvención a los combustibles fósiles. Todo antes de 2030.

Sin embargo, si se examinan de más cerca, todas estas iniciativas son tan voluntarias y no vinculantes como siempre. Al igual que las resoluciones logradas en la conferencia.

Fiabilidad y confianza

Todas las conferencias sobre el clima tienen mucho que ver con la capacidad de generar confianza. Las resoluciones apenas se pueden hacer cumplir y el objetivo es siempre desarrollar una dinámica positiva y algo así como un encabezado común para los alrededor de 190 Estados que conforman la ONU. Y con ello, crear presión en los países ricos, donde los ciudadanos cada vez están más preocupados por el cambio climático.

Pero la confianza no es fácil de construir: los países pobres vieron cómo durante la pandemia de coronavirus los ricos inyectaban elevadas sumas de dinero para mantener dinámica la economía durante los confinamientos. Y por lo mismo no sorprende la indignación cuando ven la tacañería del norte acaudalado cuando se trata de poner el dinero que por tantos años se ha ofrecido para enfrentar el cambio climático.

El fin del carbón y la realidad

Y si bien el fin de los combustibles fósiles es una demanda de la conferencia climática, una mirada a la realidad de países como China o Sudáfrica, aunque también Polonia y Alemania, muestra cuán poderoso sigue siendo el lobby del carbón. China ahora promete la neutralidad de carbono antes de 2060, una meta que es ridícula, a juzgar por las advertencias de los expertos.

Pero no existe una alternativa real a las arduas y complejas reuniones climáticas anuales. Es el único lugar donde los miembros de la ONU pueden dialogar. El titular que todos los países buscan podría ser “la lucha contra los gases que provocan el efecto invernadero debe tener una prioridad similar a la del progreso económico”.

Crecimiento y sostenibilidad ya no son opuestos, solo hay que querer que así sea. Y actuar, por ejemplo, al despedirse de los combustibles fósiles. Y tiene que ser rápido.

Al menos eso nos dejó la conferencia de Glasgow. También en Alemania aumenta ahora la presión para eliminar de forma gradual la energía a carbón antes de la fecha planificada por el gobierno, 2038. Cualquier otra cosa sería una violación a lo acordado en Escocia. Y los países pobres no jugarán por mucho tiempo más el juego de las conferencias anuales si no reciben más dinero para lograr los objetivos. Por eso, tras la cumbre de Glasgow, ¿cómo se ve el vaso? Para mí está medio lleno.

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