Mientras el Gobierno Nacional confirmó oficialmente el inicio del fenómeno de El Niño y advierte sobre la posibilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027, en Boyacá ya se despliega una estrategia interinstitucional para mitigar sus impactos sobre los ecosistemas, las comunidades rurales y la seguridad hídrica del departamento.
De acuerdo con los más recientes reportes del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), las condiciones asociadas al fenómeno ya están presentes en el océano Pacífico ecuatorial y podrían prolongarse hasta el invierno del hemisferio norte.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 96 % de que estas condiciones persistan durante el trimestre noviembre-diciembre-enero y un 63 % de que alcancen una intensidad muy fuerte.
Para un territorio como Boyacá, donde nacen importantes fuentes hídricas y donde la economía rural depende en gran medida de la agricultura y la ganadería, el anuncio representa un llamado urgente a la prevención.
Desde comienzos de año, cuando los organismos científicos empezaron a advertir sobre la posible llegada de El Niño, la Gobernación de Boyacá inició la construcción de una estrategia integral de preparación.
Así lo explicó José Ubaldo Castro, director de la Unidad Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres. Aseguró que la administración departamental articuló esfuerzos entre diversas dependencias para anticiparse a los efectos de la sequía.
«Necesitamos prepararnos para el momento más fuerte del fenómeno, que se estima para los meses de octubre, noviembre y diciembre, con una alta probabilidad de extenderse hasta enero», señaló el funcionario.
La estrategia involucra a las secretarías de Medio Ambiente, Agricultura, Salud, Educación y Gobierno, así como a Empresas Públicas de Boyacá y a los municipios del departamento. El propósito es garantizar el abastecimiento de agua para las comunidades, los centros educativos, los hospitales y los sistemas productivos rurales.
Entre las medidas implementadas se destacan la entrega de bancos de agua, kits para almacenamiento, tanques Zamorano, insumos para productores agropecuarios y el fortalecimiento de acueductos urbanos y rurales mediante la optimización de infraestructura, redes y plantas de tratamiento.
Las acciones se concentran especialmente en las zonas históricamente más vulnerables a las sequías, particularmente en el centro del departamento.
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El reto de proteger los páramos y los bosques
Uno de los mayores riesgos asociados a El Niño es el aumento de incendios forestales en ecosistemas estratégicos.
Boyacá conserva algunos de los complejos de páramo más importantes del país, entre ellos el complejo Tota-Bijagual-Mamapacha, además de extensas áreas de bosque altoandino que cumplen funciones fundamentales en la regulación hídrica.
La experiencia reciente demuestra la magnitud de la amenaza. Durante temporadas secas anteriores se registraron incendios de gran impacto en municipios como Aquitania y en áreas protegidas como el Parque Regional Natural El Valle, afectando coberturas vegetales que tardan décadas en recuperarse.
Frente a este panorama, la Unidad Departamental de Gestión del Riesgo viene fortaleciendo la articulación con alcaldías, organismos de socorro y autoridades ambientales.
«Lo que estamos haciendo es identificar las capacidades instaladas de cada municipio para que, en caso de una emergencia, exista una red de apoyo inmediata entre municipios vecinos, organismos de socorro y entidades departamentales», explicó Castro.
La estrategia involucra a la Defensa Civil, los cuerpos de bomberos, la Cruz Roja, la Policía Nacional, el Ejército y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, con el objetivo de reducir los tiempos de respuesta ante posibles conflagraciones.
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Brigadas campesinas: guardianes del territorio
Sin embargo, la prevención no depende únicamente de las instituciones.
En diferentes regiones de Boyacá han surgido iniciativas comunitarias que hoy representan una de las herramientas más valiosas para la protección de los ecosistemas durante las temporadas secas.
Campesinos y habitantes rurales han conformado brigadas comunitarias para la prevención y atención temprana de incendios forestales, fortaleciendo la capacidad local de respuesta en territorios donde las emergencias suelen desarrollarse antes de que llegue el apoyo institucional.
Estos procesos han contado con el acompañamiento de organizaciones ambientales y científicas como el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, la organización Cumbres Blancas y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, entidades que han apoyado procesos de capacitación, dotación y fortalecimiento de capacidades comunitarias.
La experiencia demuestra que la detección temprana y la acción inmediata pueden marcar la diferencia entre un incendio controlado y una emergencia de gran escala que afecte cientos de hectáreas de bosque o páramo.
En un departamento caracterizado por la dispersión geográfica de sus ecosistemas y la complejidad del relieve andino, las comunidades rurales se convierten en actores estratégicos para la gestión del riesgo.
La prevención comienza en casa
Las autoridades coinciden en que gran parte de los incendios forestales tienen origen humano y pueden evitarse.
Por ello, las recomendaciones para la ciudadanía incluyen evitar quemas controladas, abstenerse de realizar fogatas, no utilizar pólvora ni elementos que puedan generar chispas en zonas de vegetación seca.
Asimismo, se hace un llamado al ahorro de agua mediante prácticas de uso eficiente, reutilización y almacenamiento de aguas lluvias cuando sea posible.
El director de Gestión del Riesgo también insistió en la necesidad de racionalizar el consumo de energía, teniendo en cuenta que la disminución de los caudales puede afectar la generación hidroeléctrica y aumentar la dependencia de las plantas termoeléctricas.
Un desafío colectivo
La llegada anticipada del fenómeno de El Niño representa uno de los principales desafíos ambientales para Boyacá en los próximos meses.
Aunque las instituciones avanzan en planes de preparación y fortalecimiento de capacidades, el éxito de estas estrategias dependerá en gran medida de la coordinación entre autoridades, organismos de socorro y comunidades.
La protección del agua, los páramos, los bosques y la producción agropecuaria exige una respuesta colectiva. En un escenario de creciente variabilidad climática, la prevención deja de ser una tarea exclusiva del Estado para convertirse en una responsabilidad compartida por toda la sociedad.
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