La producción de miel es una de las fuentes de ingresos de la reserva natural Madre Monte, de Arcabuco.

Madre Monte tiene todo lo necesario para la felicidad

Esta reserva natural, situada en Arcabuco, es un templo para la conservación de especies del bosque alto andino.

Es un paraíso enclavado en el macizo montañoso que comparten los departamentos de Boyacá y Santander, y con una cercana influencia de áreas protegidas de importancia como el Santuario de Fauna y Flora de Iguaque y los parques regionales naturales El Valle y El Peligro.

Allí crece orgulloso el roble, una especie emblemática de esta zona de la provincia de Ricaurte, y junto a él orquídeas nativas y arbustos propios del ecosistema de bosque alto andino.

Madre Monte es un proyecto de vida por sí sola y hasta allí llegaron los Henao Hortua para establecerse y convivir pacíficamente con este espacio natural. Juan Pablo Henao prefiere el título de habitante al de propietario, es paisa y llegó a Boyacá atraído por el amor de Diana Hortua, una boyacense cálida y generosa como la tierra que la vio nacer. Junto a ellos Isabela, su hija mayor, y Kenai, un pequeñín que revolotea por todas partes, salta como una liebre y rueda a sus anchas por el césped.

Llegar a esta reserva de la sociedad civil, reconocida como tal por las autoridades ambientales, es muy sencillo cuando ya se ha arribado a Arcabuco. Desde la plaza principal de este poblado se toma la vía que conduce al vecino municipio de Gámbita (Santander) y al cabo de un recorrido de dos kilómetros, a mano derecha, se encuentra Madre Monte.

Hay otra referencia de ubicación y la mencionamos porque resulta paradójica para la historia que estamos contando: al frente, como un parche o una herida, se encuentra una mina de caolín. Increíble pero cierto.

Al frente de la reserva Madre Monte (globo rojo) se ubica una explotación de caolín. Imagen: Google Maps.

Aunque Madre Monte ya era una reserva natural en 2007, sus habitantes iban y venían de la ciudad. Lo hacían por temporadas cortas, los fines de semana o en vacaciones. Los árboles y los pájaros los recibían y los despedían sorprendidos, extrañados. Un buen día se miraron a los ojos y se preguntaron sobre por qué regresar al trajín de la urbe, al asfalto, al smog, a los horarios citadinos. Desde entonces decidieron cambiar de oficio, habitar el lugar y empezar a aprender.

Se establecieron como servidores de la naturaleza, entendieron que su presencia no está asociada a la posesión sino a la convivencia, a compartir con todo lo que los rodea como una especie más, una muy reciente si se le compara con los millones de años de los antepasados de plantas, insectos y pájaros. Entender esta realidad les ha permitido valorar cada momento y dimensionar la responsabilidad que esto conlleva.

Juan Pablo nos relata emocionado la manera en que la naturaleza se ha comunicado con ellos. Cuando decidieron instalarse definitivamente en Madre Monte surgió la incertidumbre por el porvenir. ¿De qué vamos a vivir? y las abejas fueron la respuesta.

“Hemos encontrado unas aliadas maravillosas, las abejas son las mensajeras de este lugar y de cualquier lugar, ellas nos han traído a las personas, el conocimiento y la economía que necesitamos para lograr la sostenibilidad”, declara Henao sentado en un tronco, de espaldas a un pequeño lago que adorna el paisaje y con la lluvia a punto de descolgarse.

Sobre la manera como concibieron la organización de la reserva, el bosque, los senderos, las colmenas, las estancias, Juan Pablo de nuevo se refiere a la sabiduría con que el entorno lo organiza todo. “Aquí nosotros somos observadores, el diseño es el de la naturaleza, aquí todo es espontáneo, el árbol no se siembra con un plan ni con un plano, aquí todo sale natural, como la misma naturaleza”.

Las abejas aportan el sustento económico para los procesos de conservación e investigación realizados al interior de Madre Monte.

Un proyecto sostenible

Subsistir económicamente de una reserva puede ser sacrificante por lo incierto, sin embargo, los Henao Hortua han encontrado en ella las claves para lograrlo. Una de las líneas de acción es la investigación. Tienen convenios marco con universidades y grupos de investigación para realizar visitas, caracterizar especies y hacerles seguimiento y monitoreo. Este ejercicio les permite a residentes y científicos compartir su conocimiento y enriquecer las dinámicas de conservación.

Una segunda línea de acción son las visitas de turistas no científicos, familias o caminantes particulares interesados en el paisaje y en sus maravillas. Ellos sin guiados por la montaña para conocer el bosque, entender su riqueza y aprender sobre modelos de protección y restauración. 

El hospedaje es un servicio adicional para quienes deciden pasar la noche en la Cabaña La Miel, disfrutar de las noches estrelladas, del canto de las luciérnagas, del calor de la chimenea y de los amaneceres brumosos. Aquí Juan Pablo nos hace una aclaración: “no se permiten visitantes ruidosos”. Es claro que en Madre Monte el protagonismo es un privilegio solo de los bichos.

Profesores y estudiantes tienen en Madre Monte un centro para la investigación de la biodiversidad presente en la provincia de Ricaurte.

Dentro de ese grupo de privilegiadas están las abejas, su zumbido se distribuye estratégicamente por la reserva y el trabajo de la reina y las obreras les permite a los Henao Hortua obtener miel, polen, propoleo y cera, este último un producto usado en la elaboración de cosméticos.

Las abejas, insiste Juan Pablo, les proporcionan los medios para obtener una parte de sus ingresos y financiar los esfuerzos de conservación. Es reiterativo en precisar que se trata de una relación respetuosa con la naturaleza, no del usufructuó irracional de los recursos del bosque, sí del aprovechamiento respetuoso de los mismos.

“Cuando cosechamos la miel, cosechamos la mitad y la otra mitad se la dejamos a las abejas para que tengan su alimento y estén robustas, fuertes y con sistemas inmunológicos en buen estado para que puedan permanecer en adecuadas condiciones en momentos de inviernos prolongados o de escases de comida”. 

Madre Monte es referente para sus vecinos, ha servido de modelo a otras personas de la región comprometidas con la protección del bosque, su buen ejemplo se ha expandido como semilla por la provincia de Ricaurte y otras regiones del país.

Al final de nuestro recorrido por sus senderos, Juan Pablo proclama la que podría ser una declaración de amor por todo lo que significa el bosque para él y para su familia: “No necesito más para ser feliz, para mí esto es suficiente”. 

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