La mancha de crudo continúa manando de las rocas. Ocensa trabaja en acciones de control.
La mancha de crudo continúa manando de las rocas. Ocensa trabaja en acciones de control. entreojos.co
Published in Reportajes,
Martes, 13 Noviembre 2018 00:54

¿Cómo se recupera un área afectada por el derrame de petróleo?

Recorrimos un sector de la vereda La Cristalina, en Puerto Boyacá, para ver de cerca el trabajo que realiza Ocensa luego del incidente del 21 de julio.

A la zona donde se suscitó la fuga de crudo del Oleoducto Central, que impactó 250 metros cuadrados del Parque Natural Regional Serranía de Las Quinchas, en Puerto Boyacá, se puede llegar por tierra en un largo recorrido de más de 12 horas desde Tunja, o por vía aérea en tan solo 50 minutos desde el helipuerto de la empresa Ocensa S. A., ubicado en Soracá.

El sobrevuelo deslumbra. Comienza sobre la capital. Desde lo alto se aprecia el crecimiento de la ciudad. A un costado los modernos edificios y nuevas urbanizaciones que contrastan con el escaso desarrollo vial, al otro, construcciones a medio terminar y vías sin pavimentar. La eterna diferencia entre el norte y el sur.

La ruta hacia la Serranía de las Quinchas nos permite ver la aridez de los municipios del Alto Ricaurte como Villa de Leyva y Sáchica, y la proliferación de invernaderos y reservorios que advierten una severa intervención suelo, un asunto que debería ser revisado por la autoridad ambiental.

Viaje a la quebrada La Cristalina

Este panorama contrasta con el verdor que empieza a notarse una vez se transita sobre el espacio aéreo de Chiquinquirá, Pauna, San Pablo de Borbur y Otanche, en Boyacá; y La Belleza Florián y Albania, en Santander. El bosque se extiende con majestuosidad. En buena parte de sus 28 mil hectáreas es tupido, en otras se aprecian manchones producto de la deforestación el establecimiento de asentamientos humanos.

El helicóptero desciende en medio de la vegetación. Ya estamos en la vereda La Cristalina, en el punto identificado como PK 274 + 400 donde la grasera de una válvula falló el pasado 21 de julio y provocó un derrame de crudo a 103 metros de la quebrada que nace en el Parque Natural Regional Serranía de las Quinchas. De los 800 kilómetros del oleoducto, 11 pasan por este bosque tropical.    

Cómo se atiende la emergencia

Januario Barbosa Rivera, superintendente de Línea y Mantenimiento Mayor del sector Norte del Oleoducto Central, que es operado por Ocensa S.A., fue el encargado de detallar los trabajos de recuperación que se realizan en la zona.

Relató que una vez se tuvo información del incidente, se procedió a suspender el bombeo de hidrocarburo y a inspeccionar el área. Identificado el escape, se hicieron presentes operarios de Ismocol, la firma contratista encargada de dar respuesta en situaciones de emergencia. Su personal realizó labores de aislamiento para evitar que la mancha aceitosa se extendiera más allá de esta porción del bosque.

Mientras un equipo se encargada de sellar la válvula, otro asumió la tarea de inventariar la vegetación afectada, de limpiar la base de los 60 árboles contaminados y las hojas de las plantas de estatura baja. El 25 de septiembre llegó Petroambiental, empresa especializada en las labores de remediación, restauración y recuperación.

“Teníamos previsto que ellos permanecieran acá cuatro meses, sin embargo, dada la dificultad del terreno, la condición del bosque húmedo tropical y la intensidad de las lluvias que se han registrado en la zona, lo harán durante seis meses. Petroambiental estará en La Cristalina hasta que todo esto quede limpio”, aseguró Javier Moreno, ingeniero ambiental de Ocensa.

Moreno explicó además que entre el sitio donde se registró la falla de la válvula y el muro de contención que bordea la ribera de la quebrada hay 16 puntos de control, todos señalizados con unas estacas pintadas de rojo. En cada uno de ellos se harán perforaciones para descartar la presencia de restos de crudo. También hay dispuestos seis piezómetros. Se trata de tubos de PVC enterrados a dos metros de profundidad que diariamente son inspeccionados para detectar residuos oleaginosos en su interior.

Aunque el evento se registró hace casi cuatro meses, de las rocas en forma de laja gotea aún una mancha aceitosa. Son residuos de la fuga que están almacenados en las capas inferiores del suelo y que producto de la lluvia emergen por entre las rocas y se deslizan por la pendiente que puede tener entre un 40 y un 45 por ciento de inclinación.

“Por esta razón Ocensa dispuso que se instalaran barreras con material oleofílico para retener la mancha aceitosa y someterla a un proceso de división de sus moléculas, de esta manera el hidrocarburo pierde sus propiedades y deja de ser una amenaza para el ecosistema”, sostuvo Januario Barbosa, superintendente de mantenimiento.

Remediación, restauración y recuperación

En estos patios se adelanta la limpieza del suelo contaminado. 

Estas son las tres etapas del proceso de intervención que tiene diseñadas la empresa Petroambiental para atender eventualidades por derrames de crudo. Su experiencia se ha concentrado en regiones como Putumayo, una de las más azotadas por los ataques guerrilleros a la infraestructura petrolera.

Javier Francisco Perdomo, vocero de esta firma contratista, detalló que en cuanto se detecta el goteo de crudo en las rocas, se aplica un producto remediador elaborado a partir de extracto de aceite vegetal, aloe vera, coco y carbonos orgánicos que está certificado por el ICA y que es compatible con la vegetación de la zona. “Su función es dividir las moléculas del hidrocarburo, llevando las cadenas del mismo a nanopartículas”, agregó.

A este procedimiento se suma la limpieza del suelo. La capa de tierra contaminada se retiró para extraer la sustancia aceitosa y se le ha venido aplicando fertilizantes para regresarle sus nutrientes, así como un acondicionador que contribuye a restablecer sus propiedades y características, especificó el personal de Petroambiental. Una vez el suelo esté descontaminado se procederá a instalarlo de donde fue retirado, a la reconformación del terreno y a la rehabilitación de la zona intervenida. 

El resultado de los estudios

Januario Barbosa insistió en que gracias a la colaboración de la comunidad y a la oportuna reacción del equipo de atención de emergencias, el derrame no afectó a la quebrada La Cristalina, aunque admitió que sí impactó al suelo y la vegetación.

Indicó que en presencia de funcionarios de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) y de Corpoboyacá se tomaron muestras en diferentes puntos del cuerpo de agua para descartar su afectación. Esta acción se adelantó en cuatro oportunidades: 23 de julio, 24 de julio, 2 de agosto y 18 de agosto. Los análisis de laboratorio evaluaron presencia de metales pesados, fenoles e hidrocarburos, así como PH y conductividad.

“El resultado es que las características de la primera muestra eran muy similares a la del sitio próximo al área del incidente y a la que se tomó en la parte baja de la quebrada. Eso permite concluir que no hubo evidencias de contaminación del cuerpo de agua”, destacó Barbosa. 

El representante de Ocensa dijo que entiende la preocupación de la comunidad frente a la fragilidad del ecosistema y el daño que se haya podido causar y reiteró que esta operación de limpieza se mantendrá hasta que toda el área esté saneada.

La comunidad

Habitantes de las veredas La Cristalina, La Fiebre, Puerto Romero y El Marfil, en un total de 128 personas, han hecho parte de las operaciones de recuperación. Diana Maritza Hoyos, es una de ellas.

Diana se desempeña como secretaria de la Junta de Acción Comunal de La Cristalina y fue contratada por Petroambiental para apoyar las tareas de control. Aseguró que como vecina de la zona ha sido testigo de las labores de limpieza, que su oficio es monitorear cada uno de los puntos de control y de llevar un registro diario del seguimiento que se hace al área en donde se presentó el derrame.

Sobre la actividad de su familia y sus vecinos y la manera como se relacionan con el Parque Natural Regional, Diana señaló que allí subsisten del cultivo de productos como la yuca y el plátano y de la ganadería, y que desde su declaratoria como área protegida las juntas de acción comunal se han encargado de promover el cuidado del bosque y la fauna silvestre, al tiempo que han empezado a ofrecer servicios ecoturísticos como guianza por los senderos, las cuevas y las termales y acompañamiento a quienes visitan el área para hacer avistamiento de aves.

Diana y los pobladores de estas veredas de Puerto Boyacá confían en que situaciones similares no se vuelvan a presentar y que puedan articularse de manera adecuada con Corpoboyacá y la Alcaldía para fortalecer las iniciativas ecoturísticas y de protección de este Parque Natural.     

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