En el Magdalena Medio se está consolidando una crisis ambiental compleja: el crecimiento descontrolado de una especie exótica que nunca debió habitar estos ecosistemas.
La reciente decisión del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de autorizar la eutanasia de al menos 80 hipopótamos ha reabierto un debate incómodo, pero urgente: ¿hasta dónde puede llegar la intervención humana para corregir un desequilibrio que ella misma provocó?
El respaldo de cinco de las principales instituciones científicas del país, entre ellas el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el INVEMAR y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, no deja lugar a dudas sobre la gravedad del escenario: la población de Hippopotamus amphibius en Colombia no solo es inviable ecológicamente, sino que está en expansión acelerada.
Una población fuera de control
De acuerdo con las investigaciones científicas, para 2022 ya existían cerca de 169 individuos en libertad. Hoy, las estimaciones rondan los 200, una cifra que supera incluso la presencia de esta especie en algunos países africanos donde es nativa. Pero el dato más preocupante no es el presente, sino la proyección: sin medidas de control, podrían superar los 500 individuos en 2030 y alcanzar los 1.000 en 2035.
Este crecimiento exponencial responde a condiciones ideales en el valle del río Magdalena: abundancia de agua, disponibilidad de alimento y ausencia de depredadores naturales. En términos ecológicos, se trata de una especie invasora con alto potencial de expansión, capaz de modificar de manera estructural los ecosistemas que ocupa.
Impactos que van más allá de lo visible
Los hipopótamos están transformando silenciosamente los ecosistemas acuáticos y terrestres del Magdalena Medio.
En el pronunciamiento formulado en las últimas horas por los institutos de investigación natural de Colombia se destaca que el comportamiento de estos animales salvajes altera la dinámica natural de los cuerpos de agua: la acumulación masiva de materia orgánica producto de sus excretas puede generar condiciones anóxicas, es decir, una reducción crítica del oxígeno disponible. Esto se traduce en mortandades de peces, disminución de macroinvertebrados y afectaciones en cadena sobre la biodiversidad.
Además, compiten directamente con especies nativas como el manatí, el chigüiro y la nutria, algunas de ellas en condición de vulnerabilidad. La presión sobre estos organismos no solo es ecológica, sino también territorial y alimentaria.
Riesgos para las comunidades
En 2022 se documentaron al menos 15 ataques directos a personas, además de persecuciones, afectaciones a la ganadería y restricciones a actividades tradicionales como la pesca de subsistencia.
En territorios donde el río es eje de la vida cotidiana, la presencia de estos animales representa una amenaza real para la movilidad, la seguridad y la salud pública. Los hipopótamos, además, pueden actuar como vectores de enfermedades como la brucelosis y el ántrax, lo que agrava el panorama.
La eutanasia como último recurso
Frente a este escenario, el Estado ha evaluado diversas alternativas: translocación, confinamiento, esterilización y control poblacional. Sin embargo, las dificultades logísticas, técnicas y económicas han limitado la viabilidad de estas opciones a gran escala.
La eutanasia, tanto física como química, aparece entonces como una medida extrema, pero respaldada por evidencia científica y enmarcada en estrategias globales de manejo de especies invasoras, como las promovidas por el Convenio sobre Diversidad Biológica.
Lejos de ser una decisión aislada, forma parte de un plan integral que busca reducir el tamaño de la población, contener su expansión territorial y mitigar los impactos sobre los ecosistemas y las comunidades.
Un problema que seguirá creciendo
Los institutos advierten que, de no intervenir de manera decidida, los hipopótamos podrían extenderse hacia otras zonas críticas del sistema Magdalena-Cauca, como la Ciénaga de Zapatosa o la Mojana, territorios con ecosistemas altamente vulnerables.
La intervención, prevista para iniciar en el segundo semestre de 2026, estará a cargo de corporaciones autónomas regionales como Cornare, CAS, Corantioquia y Corpoboyacá.
La discusión pública, sin embargo, trasciende lo técnico. La eutanasia de estos animales genera rechazo en sectores de la sociedad que cuestionan la legitimidad de sacrificar individuos de una especie que fue introducida por acción humana.
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