Estudiantes, investigadores y comunidades participaron en los espacios de diálogo asociados al proyecto. Imagen: Mayel Camila Castillo Ruge.

Cartografiar para resistir: diálogo de saberes y sustentabilidad ambiental en la Serranía El Peligro

Una reflexión desde la educación ambiental y la construcción colectiva del territorio

Por Mayel Camila Castillo Ruge, licenciada en Ciencias Naturales y Educación Ambiental.*

En un contexto marcado por la crisis civilizatoria, la pérdida de ecosistemas y el debilitamiento de los vínculos entre las comunidades y sus territorios, resulta cada vez más necesario reflexionar sobre las formas en que comprendemos y construimos las realidades ambientales. Durante décadas, gran parte de las respuestas a los problemas ambientales han estado orientadas por enfoques fragmentados, técnicos, institucionales y sectoriales que, aunque han aportado algunos elementos para la gestión en los territorios, con frecuencia han invisibilizado los conocimientos, experiencias y prácticas construidas por las comunidades que habitan dichos espacios.

Desde una mirada compleja, esta crisis no puede entenderse únicamente como una problemática ecológica, se trata también de una crisis de las formas de conocimiento, de las relaciones que establecemos con el ambiente, el territorio y de los procesos mediante los cuales determinados saberes son validados mientras otros permanecen marginados, como el caso de los saberes tradicionales de las comunidades originarias y campesinas. De esta manera, la fragmentación entre las formas de interacción de la naturaleza y sociedad, del conocimiento científico y saber tradicional, ha limitado la comprensión de las múltiples interdependencias que se consolidan en los territorios y sustentan a las comunidades.

En este escenario, la Educación Ambiental adquiere un papel fundamental que resignifica aquellos escenarios donde solo se transmite contenidos o sensibiliza frente a los problemas ecológicos, debido a que la EA asume una postura epistémica, política y ética que dimensiona y reconoce las problemáticas ambientales a partir de la lectura de las realidades a través de la educación, así como lo planteaba Freire (2005),

La educación […], una forma de leer críticamente el mundo para recrearlo con otros. Por eso su dimensión política no reside en imponer verdades, domesticar conciencias o prescribir destinos, sino en abrir la palabra, reconocer al otro como sujeto y hacer del diálogo una práctica de libertad. Educar es crear condiciones para que hombres y mujeres se descubran inacabados, capaces de comprender su realidad, nombrarla y transformarla solidariamente, sin autoritarismos, desde la esperanza, la dignidad y la participación (Freire, 2005, p. 90).

En este sentido esta reflexión surge a partir de la experiencia desarrollada en el marco del ´proyecto de investigación “Prácticas sustentables de las comunidades campesinas del Parque Natural Regional Serranía el Peligro: aportes a la Educación Ambiental.” , desarrollado en el periodo 2024-2025.

Parque Regional Natural Serranía El Peligro.

La Serranía el Peligro: un territorio tejido por la vida y la memoria

Imponentes, maravillosas y enigmáticas son las áreas protegidas que revelan la rica biodiversidad y curiosa historia de un territorio que guarda, en sus entrañas un conjunto de saberes y retrospectivas de vivencias importantes de reconocer. Según (Villegas, 2022) “Boyacá es un lugar en donde las maravillas de la creación se hacen presentes a través de ecosistemas que van desde el bosque seco y la selva húmeda tropical, pasando por los bosques alto y medio andino, hasta llegar a los singulares paramos, siendo Boyacá el departamento con más del 50% de los páramos del país”.

Es por ello que, entre las montañas de Boyacá y un rinconcito de Santander, en los municipios de Moniquirá, Boyacá, Gachantivá y Gámbita se encuentra la imponente Serranía El Peligro. Según el Acuerdo No. 0022 de 2009, emitido por el Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional de Boyacá, fue declarada como un parque natural regional y una reserva forestal protectora, que representa la lucha de un territorio y la proyección de un escenario de conservación.

La Serranía El Peligro, ubicada en el municipio de Moniquirá, Boyacá, un territorio donde convergen prácticas campesinas, memorias comunitarias y formas de organización que han contribuido a la comprensión de la realidad compleja de la Serranía. Sin lugar a dudas, a través de procesos de Educación Ambiental, diálogo de saberes y cartografía social construidos junto a comunidades campesinas, mujeres rurales, líderes comunitarios y estudiantes, emergieron reflexiones sobre el papel de los sujetos en la construcción del territorio y sobre la necesidad de reconocer los conocimientos propios como formas auténticas y autónomas del saber tradicionales que constituyen en gran medida la identidad de las zonas de influencia de este majestuoso sistema ambiental.

En este contexto, es la Serranía El Peligro, uno de los ecosistemas estratégicos más importantes de Boyacá, visitado y priorizado por comunidades campesinas permite indagar respecto a la siguiente pregunta: ¿Qué nos revela la Serranía El Peligro cuando son las comunidades campesinas quienes narran su historia, sus conflictos y sus significaciones?

[…] Este territorio es profundamente simbólico, donde convergen múltiples formas de relación entre las comunidades y el entorno. Allí, la presencia del roble andino, la conservación de semillas nativas, la elaboración de artesanías a partir de fibras naturales y las narrativas mitológicas construidas en torno a los elementos de la naturaleza en particular de las fuentes hídricas, reflejan saberes, prácticas y significados que han sido tejidos a través de las redes interdependencias de las comunidades campesinas.

En las experiencias consolidadas con las comunidades, la señora Guardaparques Luz Mélida Ruiz, quien ha construido una historia de defensa a este ecosistema, nos compartió una reflexión: “La Serranía el Peligro significa la vida, donde se encuentran los bosques de roble, los cuales me he dedicado a proteger, entre el roble y yo hay una conexión desde mi niñez. Yo viví en un bosque donde se taló gran cantidad de roble, se cazaban animales del bosque.

Mi niñez transcurrió cerca al Páramo Iguaque Merchán, en Gámbita, Santander, cuando llegué a Moniquirá, pasé por un bosque de roble y de nuevo la conexión con el olor, el paisaje me permitió revivir algunas cosas de mi niñez. Por esto, la Serranía el Peligro es la vida, es agua, es diversidad y es el sustento que nos debe mover para respetarla y conectar con ella”. Guardabosques, Luz Mélida Ruiz Castellanos – 2024.

Educación Ambiental: una apuesta para comprender la complejidad

La Educación Ambiental emerge como una apuesta para comprender la complejidad de los territorios, al reconocer que el conocimiento no habita únicamente en las aulas, sino que es tan profundo y también se encuentra en cada experiencia, vivencia y relato compartido por las comunidades que han sido minorizadas y despojadas como parte holística de la construcción del mismo. 

Desde esta perspectiva, las relaciones que se tejen entre naturaleza, sociedad y cultura dan lugar a múltiples formas de sentir, pensar y habitar el mundo, consolidando lecturas del territorio que trascienden las visiones fragmentadas de la realidad, esto es evidente en la acción colectiva que data de las luchas de las comunidades por la autonomía, el reconocimiento de los sentipensar con relación a las dinámicas ambientales originadas de los impactos en los territorios. Según Fals Borda y Mora-Osejo (2004), el sentipensar es una forma en que las comunidades han aprendido el arte de vivir en armonía con la naturaleza. 

Asimismo, Gudynas (2024) hace referencia a que el sentipensar es la base para entender las dinámicas ambientales, derivadas de los diversos procesos sociales en los que es necesaria la participación de las comunidades.

La cartografía social: una estrategia visual y narrativa desde los campesinos

Uno de los escenarios más enriquecedores del proceso fue la implementación de la cartografía social como estrategia de investigación-acción, donde los grupos focales de dos comunidades campesinas incidieron en un espacio de encuentro para narrar e ilustrar sus cosmovisiones sobre el territorio, la Serranía el Peligro y sus prácticas. 

Este ejercicio permitió construir lecturas colectivas sobre el pasado, el presente y el futuro del territorio. Por lo tanto,  a través de los relatos, dibujos, símbolos y representaciones construidas por las comunidades, emergieron elementos que difícilmente podrían ser identificados mediante metodologías convencionales. 

Las comunidades campesinas que participaron en este proceso son oriundas de las Veredas Tierra de González y Colorado Alto de Moniquirá, estas zonas son de influencia de la Serranía el Peligro. Los participantes reconocieron lugares de encuentro, prácticas sustentables, problemáticas ambientales, liderazgos comunitarios, memorias compartidas y proyecciones de futuro que evidencian la complejidad del territorio.

Curiosamente, las comunidades campesinas poseen un arraigo generacional profundo, sobre su territorio, consolidado a partir de sus significaciones simbólicas, culturales y afectivas, esto fue evidente en las conversaciones y procesos cartográficos. Por lo tanto, esta estrategia permitió comprender que el territorio no está compuesto únicamente por caminos, montañas o fuentes hídricas, es un tejido que relaciona lo anterior con afectos, experiencias, conflictos, resistencias, saberes y sueños colectivos. 

En este sentido, cartografiar se convirtió en un acto de reconocimiento y de resistencia frente a aquellas visiones que reducen los territorios a simples espacios físicos, geográficos o recursos disponibles para la explotación.

“Cuando las comunidades narran sus propios territorios, emergen perspectivas que desafían las interpretaciones dominantes y permiten comprender dimensiones frecuentemente invisibilizadas en los procesos institucionales, son ellos quienes protagonizan la realidad de su contexto” .

Por otro lado, las relaciones simbólicas con las otras formas de vida y redes ecosistémicas, especialmente el roble, trasciende lo utilitario para convertirse en un vínculo sagrado que define la identidad de las comunidades de Moniquirá. Para los habitantes, las semillas son un reservorio de sabiduría ancestral transmitida de generación en generación a través del diálogo de saberes donde el saber del ciclo de vida del roble se traduce en un hacer consciente; cosechar, proteger y reforestar con respeto. 

Es una manifestación del sentipensar, donde la conexión emocional y espiritual con la naturaleza guía las prácticas de sustentabilidad, reconociendo que el bienestar humano es un reflejo de la salud de los ecosistemas.

Asimismo, estas reflexiones se consolidaron en un punto de encuentro  en la experiencia desarrollada en la Institución Educativa Hernando Gélvez Suárez, sede Papayal, un escenario educativo rural en el que estudiantes y docentes participaron en procesos de reconocimiento y apropiación del territorio. 

A través de ejercicios de cartografía social, el diálogo en torno a las semillas nativas, el fortalecimiento del liderazgo comunitario y con la exploración vivencial de la Serranía, fue posible construir espacios de encuentro que favorecieron la reflexión colectiva sobre las dinámicas ambientales de la comunidad. 

Esta experiencia permitió comprender la Educación Ambiental como un proceso sistémico, holístico y participativo, en el que el territorio se convierte simultáneamente en escenario de aprendizaje, construcción de saberes y transformación.

Reflexiones finales: reconocer a los autores invisibles del territorio

Luz Mélida Ruiz, guardaparque de la Fundación Hijos del Monte.

Quizás una de las reflexiones más importantes que deja esta experiencia se fundamenta en que en ocasiones las comunidades que sostienen cotidianamente la vida en los territorios, no se reconocen a sí mismas como actoras y actores de conocimiento. Otro aspecto particular es el rol importante que desempeñan las mujeres en la construcción de los territorios, en la organización y participación comunitaria como insumo para el empoderamiento de las comunidades frente a los desequilibrios y conflictos ambientales de la zona. 

En especial fue posible compartir este espacio de co-construcción con la Guardaparques Luz Mélida Ruiz, quien ha dedicado su vida a la defensa y conservación de la Serranía el Peligro, ella junto con su familia, comunidades y la Asociación Hijos del Monte, ha proyectado un proceso educativo ambiental a destacar, desde la conservación de semillas, participación de las comunidades, articulación interinstitucional, turismo comunitario y científico, dinamización de procesos como el Festival del Roble y otras acciones encaminadas a establecer relaciones armónicas con la naturaleza, se lideran y articulan en el marco de la situación y problemática de la Serranía el Peligro.

Por ello, seguir promoviendo espacios de diálogo de saberes, cartografía social y construcción colectiva resulta fundamental para quienes iniciamos procesos en la investigación cualitativa.  En especial, en zonas donde es evidente la proyección de los conflictos ambientales, no solo porque permiten comprender mejor los territorios, sino porque contribuyen a fortalecer el reconocimiento de quienes los habitan como sujetos políticos, productores del saber y el conocimiento, así como actoras y actores fundamentales en la construcción de alternativas para la sustentabilidad ambiental.

La Serranía El Peligro nos recuerda que los territorios no son únicamente escenarios abstractos, ni estáticos, son construcciones donde se construyen identidades, subjetividades, memorias y saberes. Quizás uno de los desafíos más urgentes consiste precisamente en aprender a escuchar esas voces, reconocerlas como protagonistas y fundamentales para la compresión de las realidades ambientales, en la construcción de las transformaciones necesarias que requiere para enfrentar la crisis civilizatoria, que difícilmente podrán construirse sin quienes han sostenido históricamente la vida de los territorios.

Agradecimientos especiales: A las comunidades campesinas de la Serranía El Peligro, así como a la Asociación Hijos del Monte. Asimismo, el acompañamiento y apoyo de docentes, estudiantes e investigadores del Grupo WAIRA y su semillero FIBA-WA, y a la Institución Educativa Hernando Gélvez Suárez por abrir espacios de diálogo, aprendizaje y fortalecimiento de la Educación Ambiental. Este proyecto fue apoyado por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.

Referencias

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (J. Mellado, Trad.; 55.ª ed.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1970).

Villegas, B. (2022). Áreas protegidas de Boyacá. Colombia. Villegas Editores.

* Mayel Camila Castillo Ruge es Licenciada en Ciencias Naturales y Educación Ambiental por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Actualmente, candidata a Magister en Educación y Gestión Ambiental en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

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