En medio de los debates sobre si en los páramos “debe” o no haber campesinos, o sobre cómo lidiar con los problemas que afrontan las zonas de importancia hídrica, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt insiste en otra ruta: sentar a todos los actores a conversar, reconocer la diversidad de saberes y convertir los conflictos en oportunidades para cuidar el agua y la vida de alta montaña.
Así lo planteó Gisele Didier, directora de conocimiento del Instituto Humboldt, quien dialogó con entreojos.co sobre la estrategia de la entidad para promover el conocimiento alrededor de la gestión de los páramos de Colombia.
Didier resumió el enfoque del Instituto en una imagen sencilla: “poner a conversar” a quienes miran el páramo desde lugares distintos.
El trabajo, explicó, parte de reconocer que en estos ecosistemas confluyen la institucionalidad ambiental, los pueblos indígenas, las comunidades campesinas y la academia, y que cada uno aporta piezas indispensables para entender lo que pasa en la alta montaña.
“El Instituto reconoce los diferentes sistemas de conocimiento y, en el marco de la gestión integral de los páramos, hemos tenido una prueba bellísima de que el conocimiento conversa”, afirmó.
Cuando esos saberes se encuentran —añadió— se agrega valor: aparecen soluciones que no surgen desde una sola orilla. Y eso resulta clave en escenarios donde el agua, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos son tan importantes como la posibilidad de que las familias que han vivido allí por generaciones puedan seguir habitando el territorio.
Uno de los objetivos es precisamente compatibilizar esa función ecológica de los páramos con sistemas productivos sostenibles, de bajo impacto, que permitan que las comunidades continúen en el territorio sin deteriorarlo.
Campesinos y páramo: del choque a la compatibilidad
Buena parte de la discusión pública sobre la alta montaña se ha concentrado en una pregunta polarizante: ¿pueden o no pueden vivir campesinos en los páramos?
Para Didier, el punto de partida debería ser otro: reconocer la presencia histórica de comunidades campesinas e indígenas y abrir espacios para que ellas mismas expliquen cómo pueden contribuir a preservar el ecosistema, siempre que cuenten con opciones productivas compatibles con la conservación.
“Lo que buscamos”, señaló, “es conciliar la vida de habitantes tradicionales de los páramos con una economía familiar que les permita persistir en el territorio y, al mismo tiempo, cuidar el agua y la biodiversidad”.
Colaboratorios: una metodología para transformar conflictos
Los conflictos socio – ambientales, admitió la directora de conocimiento del Humboldt, “siempre van a estar presentes”. La clave no es negarlos, sino asumirlos con una “mirada generosa” que permita transformarlos positivamente.
En esa lógica se inscriben los “colaboratorios”, una metodología que el Instituto viene desarrollando y que consiste en reunir en un mismo espacio a personas con visiones muy distintas sobre el páramo: autoridades, organizaciones sociales, comunidades locales, investigadores, representantes de sectores productivos.
La condición para sentarse a la mesa es clara: el diálogo debe darse en un marco de respeto, generosidad y voluntad de escuchar. Solo así, dice Didier, es posible convertir la confrontación en acuerdos concretos para la gestión del territorio, que reconozcan los derechos de las comunidades y la necesidad de mantener la integridad ecológica del ecosistema.
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