La imagen corresponde a una jornada de siembra de especies nativas en zona de páramo en Ramiriquí, luego de un incendio forestal. Imagen: entreojos.co

Entender el fuego para proteger los páramos

Tres páramos de Boyacá merecen especial atención por sus antecedentes con las llamas.

Una serie de incendios forestales está afectando varios municipios de Boyacá en medio de la temporada seca, generando una grave emergencia ambiental en ecosistemas estratégicos de alta montaña.

Uno de los focos más críticos se registró en el páramo de Siscunsí–Ocetá, entre los municipios de Mongua y Monguí, donde el fuego consumió alrededor de 70 hectáreas de frailejones y vegetación nativa, según lo reportó el portal de Caracol Radio.

Las emergencias también se han presentado en otros municipios del departamento, entre ellos Moniquirá, Pesca y Tibaná, lo que ha puesto en alerta a organismos de socorro y autoridades ambientales. Las llamas afectan ecosistemas de páramo y cobertura vegetal altoandina, fundamentales para la regulación hídrica de la región.

Este tipo de situaciones suelen provocar reacciones inmediatas: alarma pública, operativos de emergencia y llamados urgentes a restaurar las áreas afectadas. Sin embargo, investigadores que estudian el comportamiento del fuego en estos ecosistemas plantean que la gestión del problema requiere algo más complejo: comprender cómo ocurre el fuego, por qué sucede y cómo responden los páramos.

En el departamento de Boyacá, tres de sus sistemas de alta montaña, el complejo de páramos Tota–Bijagual–Mamapacha, el páramo de Pisba y el complejo Sierra Nevada de El Cocuy, Güicán y Chita, están entre los territorios priorizados para analizar ese fenómeno.

Un estudio desarrollado por la Universidad del Rosario, en convenio con el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, en el marco del proyecto GEF Páramos para la Vida, permitió identificar cómo se comportan los incendios en varios complejos de páramo del país y cuáles requieren mayor atención en acciones de prevención.

Según explicó José Muñoz, investigador del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza del Instituto Humboldt, el objetivo del trabajo no fue responder a emergencias sino entender el fenómeno para mejorar las estrategias de conservación.

“El Instituto Humboldt no hace parte del sistema nacional de gestión del riesgo ni es una entidad de socorro. Nuestro enfoque es la prevención, el monitoreo y el fortalecimiento de capacidades en las comunidades”, señaló.

Un fenómeno mayoritariamente causado por el ser humano

José Muñoz, investigador del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza del Instituto Humboldt.

Los incendios en los páramos tienen un origen muy claro: casi todos están asociados a actividades humanas. En el citado informe de Caracol Radio se referenció una declaración del alcalde de Pesca, Edgar Ricardo Gámez, según la cual la conflagración en zona de páramo de ese municipio fue provocada por campesinos para ampliar sus potreros.

José Muñoz, del Instituto Humboldt, reiteró que el 99,9 % de los incendios que se registran actualmente en los páramos del país son de origen antrópico, es decir, están vinculados a prácticas como la expansión de la frontera agrícola, actividades ganaderas, quemas o incluso procesos mineros.

Sin embargo, aunque ocurren principalmente durante las temporadas secas, entre diciembre y marzo o hacia mitad de año, su comportamiento no es uniforme.

“Cada páramo tiene dinámicas distintas”, apuntó. Por eso el estudio se concentró en identificar el llamado “régimen de incendios”, que permite analizar variables como: frecuencia con que ocurren los incendios, área total afectada, épocas del año con mayor ocurrencia y tendencias históricas en cada territorio.

El análisis se realizó mediante sensores remotos y reconstrucción histórica de imágenes satelitales entre los años 2000 y 2022.

Tota–Bijagual–Mamapacha: uno de los páramos más afectados

Entre los complejos estudiados, el de Tota–Bijagual–Mamapacha aparece como uno de los más impactados por el fuego.

Según el estudio, cerca del 17 % de su área total se ha quemado al menos una vez en las últimas dos décadas. En algunos sectores el fuego se ha repetido hasta cuatro veces. Este análisis incluyó principalmente los municipios de Tota, Mongua y Pesca.

Aunque la tendencia reciente muestra una disminución en la ocurrencia de incendios, los datos históricos evidencian episodios críticos. Uno de los más notorios ocurrió en 2001, cuando se registraron cerca de 600 eventos de incendio en el complejo.

Las causas exactas de ese pico no se conocen. Las imágenes satelitales permiten detectar las áreas quemadas, pero no identificar con precisión qué originó el fuego.

Entre las posibles explicaciones están: expansión agrícola, actividades mineras y condiciones climáticas extremas asociadas al fenómeno de El Niño

Pisba y El Cocuy: menos incendios, pero con riesgos latentes

En el caso del páramo de Pisba, los datos muestran una tendencia a la disminución de incendios en los últimos años, con menos de 50 eventos recientes registrados.

Gran parte del territorio se ha quemado al menos una vez, aunque la repetición de incendios en un mismo sitio es menor que en otros complejos.

En contraste, en la Sierra Nevada de El Cocuy, Güicán y Chita los incendios se concentran en sectores específicos y no en todo el complejo.

Allí, uno de los desafíos para las iniciativas de prevención ha sido la relación con la comunidad indígena U’wa, que mantiene dinámicas propias de manejo del territorio y no ha participado en algunos procesos de conformación de brigadas comunitarias.

Brigadas comunitarias para prevenir incendios

Uno de los resultados del proyecto ha sido la creación de brigadas comunitarias de prevención y monitoreo del fuego. En Mongua y Tota se constituyeron dos grupos de trabajo a partir del interés de la propia comunidad. 

Estas brigadas no funcionan como equipos de respuesta a emergencias, tarea que corresponde a organismos como bomberos o defensa civil, sino como estrategias de conservación y vigilancia del páramo.

Los grupos están integrados por voluntarios de las comunidades, con edades que van desde jóvenes mayores de edad hasta adultos mayores.

Cada brigada tiene alrededor de 14 personas organizadas en dos cuadrillas, siguiendo esquemas del sistema internacional de comando de incidentes.

“En muchos casos, cuando ocurre un incendio en zonas de páramo, los primeros respondientes son las mismas comunidades”, explicó Muñoz.

Por eso el proceso incluye: capacitación en prevención, monitoreo del territorio, reportes tempranos de incendios y fortalecimiento organizativo comunitario.

Comprender la ecología del fuego

Uno de los mensajes centrales de los investigadores es que no todos los incendios tienen los mismos efectos en los páramos.

La respuesta del ecosistema depende de factores como intensidad del fuego, duración del incendio, condiciones climáticas y tipo de vegetación presente.

En algunos casos, el páramo puede tardar años en recuperarse. En otros, la vegetación vuelve a aparecer en cuestión de meses.

Por eso Muñoz cuestiona una práctica frecuente después de los incendios: iniciar de inmediato proyectos de siembra de especies nativas.

“Cada ecosistema responde de manera diferente. La peor estrategia puede ser intervenir inmediatamente después de un incendio”, afirmó.

Según el investigador, muchos páramos tienen capacidad natural de regeneración, y en lugar de intervenir de forma apresurada lo más recomendable es aislar el área afectada, evitar nuevas perturbaciones y monitorear la recuperación natural.

La recuperación puede tardar entre cinco y diez años, especialmente cuando se trata de especies emblemáticas como los frailejones.

Hacia un manejo integral del fuego

Las reflexiones derivadas del estudio plantean la necesidad de avanzar hacia un enfoque de Manejo Integral del Fuego.

Esta propuesta, incluida en el proyecto de Ley 557 de 2025, busca pasar de una visión centrada exclusivamente en apagar incendios a otra que integre conocimiento científico, prácticas culturales, manejo del territorio y participación comunitaria.

El enfoque reconoce que el fuego no siempre es sinónimo de desastre. En algunos contextos, comunidades rurales han utilizado quemas controladas como parte de sus prácticas productivas o culturales. El reto consiste en regular esas prácticas para evitar que se conviertan en incendios forestales.

Un llamado a mirar el páramo con mayor complejidad

Para los investigadores, la principal conclusión del estudio es que la gestión del fuego en los páramos exige comprender las particularidades de cada territorio.

En Boyacá, donde tres complejos de páramo figuran entre los cinco que requieren mayor atención frente al riesgo de incendios, la prevención dependerá tanto de la investigación científica como de la participación de las comunidades que habitan estos ecosistemas.

“Las comunidades conocen muy bien su territorio”, expuso Muñoz. “Saben qué plantas se queman más, cuáles resisten el fuego y cómo se recupera el páramo. Ese conocimiento es clave para gestionar el fuego de manera responsable”.

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