La capital del departamento del Magdalena se convirtió en epicentro de un debate crucial para el futuro energético del planeta.
Allí se desarrolló la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro internacional que reunió a delegaciones de todos los continentes con un objetivo común: acelerar una transición energética basada en la justicia social, el financiamiento y la diversificación económica.
El evento, coordinado por Irene Vélez Torres, ministra (e) de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia; y Stientje van Veldhoven, ministra de Clima y Crecimiento Verde de los Países Bajos, evidenció la creciente presión global por abandonar la dependencia de los combustibles fósiles.
La participación fue amplia y diversa: cerca de un tercio de las delegaciones provinieron de Europa, mientras que América Latina y el Caribe representaron el 20%, África el 16%, Asia el 12% y Oceanía el 15%, incluyendo países insulares particularmente vulnerables a la crisis climática.
Un impulso que busca escala global
Más allá de las declaraciones políticas, la conferencia dejó una conclusión central: la transición energética debe acelerarse y organizarse a una escala mucho mayor. Para ello, se definieron cinco resultados estratégicos que buscan convertir el diálogo en acción concreta.
Uno de los anuncios más relevantes fue la realización de una segunda conferencia a inicios de 2027, que será copresidida por Irlanda y Tuvalu, dos naciones que representan realidades contrastantes pero complementarias frente al cambio climático. Tuvalu es una isla independiente situada en el Pacífico central, entre Australia y Hawái.
Además, se creará un grupo internacional de coordinación que integrará países con liderazgo en transición energética como Reino Unido, Dinamarca y Brasil, junto a los coanfitriones, con el fin de evitar duplicidades, fortalecer alianzas y dar continuidad al proceso.
La transición más allá de los combustibles fósiles implica reconfigurar economías, transformar sistemas productivos y enfrentar tensiones sociales, especialmente en regiones dependientes de industrias extractivas.
Conexión con la agenda climática global
Uno de los aspectos más estratégicos del encuentro es su articulación con los principales escenarios internacionales de gobernanza climática. Los resultados serán compartidos con la presidencia de la COP30 y se alinearán con la hoja de ruta de la COP31, además de aportar al segundo Balance Global del Acuerdo de París.
Esta conexión posiciona a la conferencia de Santa Marta como un nodo emergente dentro de la arquitectura internacional de acción climática, con potencial de influir en decisiones de alto nivel.
El encuentro también definió tres líneas de trabajo orientadas a identificar mecanismos concretos para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y fortalecer la cooperación internacional. Estas líneas serán flexibles, permitiendo que los países asuman liderazgos específicos según sus capacidades y contextos.
En paralelo, se anunció la creación del Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET), una instancia que buscará respaldar técnicamente a los países en la construcción de hojas de ruta compatibles con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. El panel abordará, además, barreras estructurales de tipo legal, financiero y político.
"Puedo decir con confianza que, en los últimos días, hemos sentado las bases para una acción concreta para alejarnos de los combustibles fósiles".
Stientje van Veldhoven, ministra de Clima y Crecimiento Verde de los Países Bajos,
Un mensaje político: del discurso a la acción
Las intervenciones de las ministras reflejaron el tono del encuentro: urgencia, pero también voluntad de acción colectiva.
“Decidimos no resignarnos a una economía construida sobre la destrucción de la vida”, afirmó Vélez Torres, al subrayar que la transición energética debe dejar de ser un eslogan para convertirse en un esfuerzo político concreto.
Por su parte, Van Veldhoven destacó el peso de la coalición reunida en Colombia, señalando que los países participantes representan cerca del 30% de la demanda energética mundial y el 20% del suministro global. “El mensaje fue claro: pongámonos a trabajar y ayudémonos unos a otros”, afirmó.
“Decidimos no resignarnos a una economía construida sobre la destrucción de la vida”
Irene Vélez Torres, ministra de Ambiente de Colombia.
Una transición con múltiples tensiones
El desafío, sin embargo, no es menor. La transición más allá de los combustibles fósiles implica reconfigurar economías, transformar sistemas productivos y enfrentar tensiones sociales, especialmente en regiones dependientes de industrias extractivas.
En ese contexto, el énfasis en justicia social y diversificación económica resulta clave. No se trata solo de reducir emisiones, sino de garantizar que los costos y beneficios de la transición se distribuyan de manera equitativa.
La realización de esta conferencia posiciona a Colombia como un actor relevante en la discusión global sobre transición energética. En un momento en el que el país debate su propio modelo de desarrollo y su relación con los recursos fósiles, el encuentro en Santa Marta abre un espacio para articular agendas nacionales con compromisos internacionales.
La conferencia dejó como mensaje principal que la transición energética ya no es una opción, sino una necesidad que exige coordinación global, decisiones políticas firmes y, sobre todo, acciones concretas.
* Con información del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
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